Los cuentos de Benedetti
Como se recordará, los últimos dos libros del recientemente proclamado Ciudadano Ilustre de Montevideo son sendas selecciones de poesías: «El mundo que respiro» e «Insomnios y duermevelas».
La Sala Zitarrosa recibió recientemente al aclamado autor de «La tregua» y otros memorables títulos, en una experiencia de lectura que fue atentamente seguida por una platea colmada de público.
Como sucede habitualmente cada vez que Benedetti toma contacto con sus compatriotas, fue notoria la presencia de los jóvenes, que comparten con los adultos la admiración por una de las figuras más descollantes y comprometidas de la literatura de habla castellana.
La presentación del acto de reencuentro estuvo a cargo del director del Grupo Editorial Planeta en nuestro país, Mario Ale, quien, en breve alocución, destacó las cualidades del homenajeado.
En un escenario que lucía como decorado cuatro gigantescas tapas de otras tantas obras del autor, la escritora Sylvia Lago brindó sus reflexiones sobre este auténtico personaje de la cultura uruguaya, latinoamericana y universal.
Lago recordó parte de los merecidos galardones recibidos por Benedetti durante su extensa carrera literaria, destacando el vital aporte del escritor a la comprensión y valoración de la identidad uruguaya, que tan bien ha sabido interpretar en el conjunto de su obra literaria.
La oradora centró su análisis básicamente en cuatro libros concretos que representan, a su vez, otros tantos períodos de la siempre fermental producción del aclamado autor: «Montevideanos», «La tregua», «La borra de café» e «Insomnios y duermevelas».
Los títulos, más allá de sus meros valores artísticos, simbolizan el sentir de un autor comprometido con su tiempo histórico.
Posteriormente, en medio de un cerrado aplauso que aglutinó a varias generaciones, Mario Benedetti comenzó la lectura de numerosas poesías de su autoría, extraídas, en este caso concreto, de su último obra «Insomnios y duermevelas».
En este primer segmento de la jornada de lectura, los textos seleccionados fueron «Ojos», «Mientras el tiempo diga todavía» (escrito durante la ofensiva militar norteamericana contra Afganistán), «Bocas», «Palabras», «Autoepitafio», «Maniquí» y «Ojalá».
Las piezas poéticas conocidas por miles de uruguayos que atesoran el libro en sus bibliotecas trasuntan la intensa sensibilidad de un autor que, a través de un formato literario cada vez menos transitado, ha logrado capturar la atención y el espíritu reflexivo de los lectores.
Actualmente, el célebre escritor es quizás unos de los únicos poetas uruguayos exitosos, en un tiempo poco propicio para un género no siempre comprendido y ponderado por libreros y editores.
Posteriormente, en la segunda parte de esta entrañable experiencia de reencuentro, Benedetti leyó, en calidad de primicia, cuatro cuentos de su próximo libro, cuyo lanzamiento está previsto para el año próximo.
Según anunció, la obra se titularía, en principio, «La tristeza y otras alegrías». Este nuevo libro marca el retorno del autor a la narrativa, luego de dos poemarios consecutivos.
Los textos leídos fueron: «El idilio y el odio», «Ombligos», «Reencuentro» y «De jerez a jerez».
Escuchar a Mario Benedetti es, sin dudas, siempre una experiencia gratificante, por su reconocida simpatía, carisma y siempre fino sentido del humor.
A los 82 años de edad, el autor que reside alternativamente en Uruguay y España ha logrado una comunicación con su público que no es ciertamente frecuente en las grandes figuras de la literatura.
Superados algunos quebrantos de salud que no obstante no le impidieron seguir adelante con su profusa producción, Benedetti es hoy admirado por jóvenes y adultos, que encarnan en él a una suerte de icono cultural que ha sabido interpretar cabalmente nuestra idiosincrasia.
El escritor es también un minucioso observador de la realidad social y política de nuestro tiempo, que tanto en libros como en entrevistas, suele analizar con un espíritu siempre crítico y esclarecedor.
Pese a ser un octogenario, Mario Benedetti tiene un particular feeling con los jóvenes, con quienes suele «dialogar» a través de sus textos, interpretando cabalmente las inquietudes de un tiempo de angustias e incertidumbres.
Ese romance quedó nuevamente corroborado durante la jornada de lectura transcurrida en la Sala Zitarrosa, donde se observó un auditorio variado e intergeneracional.
Cuando culminó el reencuentro, no cayó el telón de la emoción. La colmada Sala Zitarrosa aplaudió de pie a Benedetti, en una suerte de homenaje que nos sugiere una reflexión: pese a los traumas que padece hoy nuestro país, la cultura sigue siendo una barrera de contención a la indiferencia.
Mario Benedetti, que nació en 1920 en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, ha desarrollado una extensa y exitosa carrera literaria, tanto en nuestro país como en el exterior.
Durante su prolongado exilio en tiempos de la dictadura, su nombre ganó aún más espacios en las preferencias y la adhesión del público uruguayo, como una expresión de rebeldía a la cruda censura impuesta por el autoritarismo.
De su extensa producción narrativa, poética, novelística y ensayística cabe destacar, particularmente, «La tregua», «Gracias por el fuego», «El olvido está lleno de memoria», «Montevideanos», «Las soledades de Babel», «Poemas de la oficina/poemas del hoy por hoy», «Pedro y el capitán», «Primavera con una esquina rota», «Viento del exilio», «La borra de café», «Andamios», «Buzón de tiempo», «La vida ese paréntesis», «El mundo que respiro» e «Insomnios y duermevelas», entre otros recordados títulos. *
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