Las epístolas peligrosas
La obra ha sido muy representada en nuestro medio: recordamos una versión con Guzmán Martínez Mieres y Margara Willat en el teatro del Centro, más recientemente la de Antonio Larreta y Thelma Biral en la Alianza Francesa: China Zorrilla la hizo en Buenos Aires con notable éxito. Ante este nuevo reestreno, podemos asegurar que Mi querido mentiroso va camino de convertirse en un clásico. De modesta apariencia, empieza en tierra y muestra con calculada ingenuidad a dos actores que leen cartas, luego levanta un pie y presenta a un actor que recita su carta mientras el otro, que mágicamente ya la ha recibido, la lee y acota con gestos; luego levanta vuelo y viene el diálogo y la acción, mano a mano. Como nos señaló agudamente China Zorrilla durante una cena en «El palacio de la papa frita», hay en «Mi querido mentiroso» todo un análisis de la literatura epistolar, que dice más y menos que la conversación corriente. Hay tiempo para embellecer, seducir, lanzar dardos velados o revelados por la gracia de la escritura; la ausencia del destinatario libera, la permanencia de la escritura reprime. En manos de dos artistas, la correspondencia se convirtió en un juego, pasó a ser seducción mutua que no sabemos si socava o realza la relación profesional; tuvo momentos de erotismo y lujuria y se dulcificó al fin como una fantasía que tuvo la gentileza de hacerse realidad. El tema del amor cerebral que pasa a la médula aparece también, a «Mi querido mentiroso» y harán recordar tres grandes novelas en que la fantasía y aún lo que se creyó un frío plan dejan el lugar a la pasión: «Las relaciones peligrosas» (Laclos), «Rojo y negro» (Stendhal) y «Los secretos de la princesa de Cadignan» (Balzac).
En esta puesta en escena de Norma Aleandro y Sergio Renán todos estos aspectos han sido claramente vistos, tallados y pulidos como las facetas de un diamante. La transición de la lectura al diálogo resulta natural y marca los momentos en que la vida alcanza al arte; más tarde vuelven los personajes a componer la figura; los corresponsales ajustan su distancia al ritmo del tiempo, y ligeros toques en la escenografía (Tito Egurza), el vestuario (Renata Schussheim) y en el gesto revelan sus variaciones. Hay un arte de escribir perdido en las cartas de Shaw y Campbell; sospechamos que hay también un arte de vivir perdido. Esas palabras en estado de gracia, proyectadas desde la escena de Buenos Aires contra un mundo casi demencial, aparecen como los restos de un fresco oasis y a la vez como una terrible acusación contra nuestra bochinchera incapacidad de vivir. Norma Aleandro compone a una actriz, Stella Campbell; es un género de interpretación en el que, como en su María Callas en «Master Class» de Terrence Mc Nally, siempre ha dado el máximo de su considerable capacidad. Sergio Renán, muy elegante y preciso en los gestos y movimientos, tuvo una actuación que nos hace agradecer a los hados su regreso a la vida, hace ya algunos años, luego de un estado de coma de tres meses. Hubiéramos perdido, por lo menos, su papel en «Mi querido mentiroso», no poca cosa. Nuestro público podrá tener la alegría de verlo, como George Bernard Shaw, en esta obra, el próximo enero de 2003, en el escenario del Hotel Conrad de Punta del Este. *
MI QUERIDO MENTIROSO, adaptación teatral de Jerome Kilty de las cartas de Bernard Shaw y Stella Campbell, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Con Norma Aleandro y Sergio Renán, escenografía e iluminación de Tito Egurza, vestuario de Renata Schussheim, adaptación y ejecución musical de Alberto Favero, dirección de Norma Aleandro y Sergio Renán. En el teatro Maipo, Esmeralda 443, teléfono 43224882, Buenos Aires.
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