Los descarados de la cultura rock
La historia de fines de milenio, para sus fans, ya posee una densidad entrañable si se piensa una noche de aquellas, de velocidad under, muy afiebrada y que tuvo como soporte al escenario del boliche «El Tigre»: el grupo, por entonces casi ignoto y work in progress decidió tomar riesgo y así apareció un escenario a la uruguaya en plena calle que sirvió como festivo celebratorio puntapié inicial. Se había fundado el recorrido, la pista de acción de La Vela Puerca con un puñado de canciones más que correctas, irreverentes, atractivas, incitantes.
Ese primer y pequeño show, tan ritualístico en su naturaleza pasional, es seguramente uno de los más evocados cuando se intercambian palabras con los miembros de La Vela Puerca. En ese concierto de cuño prácticamente casero se delineó el modo estético y estilístico de una banda que, desde su arranque en 1997, ha alcanzado contundencia expresiva, un crescendo de popularidad que excedió en principio a Montevideo para avanzar sobre distintos sitios del interior del país y que, asimismo, logró golpear con firmeza en la vecina orilla (donde llegaron a actuar junto a la Bersuit, Kapanga o Los Gardelitos, para más tarde regresar y seguir ganando adepto haciendo shows en diferentes pubs y teatros).
La Vela Puerca tiene el mérito de cruzar sonoridades en su búsqueda y en consecuencia ejecutividad compositiva: el reggae y el ska y acaso el rocanrol de garage fueron sus patrones, sus ejes, para luego producir construcciones sonoras más mestizas, algo que presentándose como señas de identidad para toda una generación de jóvenes. Una sonoridad que fue potenciándose a medida que el grupo ganó en confianza y en convicción, ya desde las cuerdas, la percusión o los vientos o en ese todo que subraya las pretensiones de La Vela Puerca.
Lo cierto es que la banda, ya con sus discos editados (desde el exitosísimo Deskarado y el posterior impacto que fue De Bichos y Flores), ha generado un puente comunicacional de ida y vuelta cada vez más expansivo, con lo que evidentemente sus espectáculos son toda una forma del fervor, especialmente a partir de una letrística directa, sin excesos adjetivales y que para muchos receptores vienen a ser un reflejo, una voz creativa que logra colectivizarse sin rollo alguno.
Ese carisma escénico, ese modo de desplazarse en el stage y ofrecer un repertorio que va creciendo en escala de intensidad ganó desde hace un tiempo y particularmente a lo largo del 2002 más y más adeptos tanto de Maldonado como de Punta del Este. Lo comprobaron con una secuencia de recitales en boliches y, por ello, hoy viernes a las 21.30 horas tentarán la masividad cuando trepen al escenario que se montará en el más que apropiado gimnasio del Campus Municipal: el show contendrá las canciones de sus discos ya mencionados y, desde luego, ese universo cancionístico será festejado como corresponde para un cierre de año por aquí a todo reggae y rocanrol. Habrá que estar allí para intercambiar adrenalina. *
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