Nuevo número de Cuadernos de Jazz

THOMAS WERNER

 

 

 

El número 73, noviembre-diciembre, de la excelente revista española Cuadernos de Jazz, tiene como regalo de fin de año un compact-disc de más de una hora de duración, con once registros que muestran la alta calidad del jazz que se ejecuta en la península ibérica. Nombres como los de Baldo Martínez, Joaquín Chacón, Teo Gómez, Juan Camacho y Santiago de la Muela, son ignorados en el área del Mercosur pero serán una mayúscula sorpresa para los aficionados que pongan su atención en estas magníficas grabaciones que transitan desde el dixieland y el rhythm and blues hasta la fusión, el free jazz y el neo-bop. Una breve nota de Alejandro Cifuentes habla del jazz en Madrid, pero es una lástima que omita el listado completo de los músicos intervinientes en cada track.

Excepto una nota sobre Caetano Veloso que poca relación tiene con el jazz, el resto de la revista calza puntos muy altos. Una entrevista al pianista cubano Chucho Valdés nos introduce en su último disco y sus recientes conciertos. Una revisión al nacimiento de la política comercial del blues sirve para repasar los primeros discos del género y los trabajos del musicólogo y productor Alan Lomax y su padre (son espléndidas las fotografías de Memphis Minnie, Sony Boy Williamson, Leadbelly y otros bluesmen). La composición de Kurt Weill «Speak Low» es analizada en otra nota, a través de las versiones grabadas por Bill Evans, Ken McIntyre, Booker Ervin, Kevin Eubanks, McCoy Tyner y otros famosos jazzistas.

Además de las noticias sobre conciertos, festivales, fallecimientos, libros y CD recientemente editados, dos largas entrevistas componen la parte medular de este número. Una está dedicada al veterano y notable pianista negro Andrew Hill, quien comenta aspectos de su vida y su obra, narra anécdotas sobre varios otros músicos, explica su forma de componer, compara estilos musicales y termina hablando de cómo es la vida en EEUU después del 11 de setiembre.

A esa fecha fatídica se refiere también la entrevista a Guillermo McGill, baterista uruguayo radicado en España desde hace más de veinte años. Nacido en Montevideo en 1965, su padre es Tony McGill, a quien bien recordamos como bajista y pianista. Lo llamativo es que Guillermo habla de jazz, por supuesto, pero las referencias sociales y políticas son permanentes en su conversación. Esta se llevó a cabo el pasado 12 de setiembre, al día siguiente del primer aniversario de las Torres Gemelas, y el entrevistador le pregunta qué le pareció «el circo que la mayoría de los medios de comunicación montaron ayer». La respuesta:

«Pues a mí eso me parece una chupada de culo impresionante de todo el mundo hacia el imperio más poderoso que ha habido nunca (…). Así que me dio mucha rabia por ciertas cosas que ocurrieron otro 11 de setiembre (…). Yo estaba en Chile cuando el golpe de Estado y pasé dos meses en la embajada sueca, sin salir, debido a un golpe de Estado financiado por la ITT. O sea financiado por el señor Kissinger, Premio Nobel de la Paz, y que derribó a un gobierno elegido por el pueblo y asesinó entre Argentina, Uruguay y Chile a unas 60.000 personas en un plan de exterminio organizado en unas oficinas. No fue un acto terrorista, fue mucho peor».

Lo dicho no tendrá que ver con el jazz, pero es un orgullo que un uruguayo fuera de fronteras exprese unas ideas tan claras y compartibles. *

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