NUEVO DISCO DE CARLOS SANTANA

La guitarra del shaman

 

El mexicano Carlos Santana ya está fuera de toda consideración, acaso porque se trata de un valor cultural en sí mismo que nunca dice basta. Tal vez sea un shamán, en efecto, y eso le permite que su guitarra plantee recorridos sinuosos y en buena medida envolventes, aunque factiblemente ya carezcan de originalidad y sí de una solvencia interpretativa sostenida e impecable.

Hay un sello, una forma de hacer canciones en Santana, y su seña de identidad es precisamente su guitarra y cómo la vapulea, cómo le otorga diferentes coloraciones y velocidades, pausas y silencios, rítmicas y melodías que son absolutamente reconocibles desde que arrancó en la década de los sesenta. Un itinerario frondoso que lo ha vuelto una figura si se quiere con aire legendario, y que se ha permitido, alguna vez, salir de la latinez, de los ritmos calientes, para fundar uno de los discos más atractivos junto al británico y también guitarrista John McLaughlin hace más de dos decenios. Aquellos días espirituales y neojazzísticos en que se lo conocía como Carlos Devadip Santana. El zen quedó atrás.

Supernatural, disco varias veces premiados, establecido en el podio de los rankings de popularidad obtuvo una especie de resurrección, de nuevo esplendor para el guitarrista. Logró impactos de notoria penetración en las audiencias, especialmente si pensamos en las canciones que abordó junto a invitados como Rob Thomas (el cantante de Matchox 20) o los mexicanos de Maná y el brillante compositor, todo un ejemplo de experimentador sonoro que viene a ser Wycleaf Jean.

Lo cierto es que, bajo el respaldo nuevamente de Clive Davis (asistente fundamental para el suceso de Supernatural), la nueva obra fundada denominada Shaman convocó a artistas diversos para generar versatilidad y otorgarle, una vez más, esas texturas vocales que van desde Michelle Branch (con quien aparece saturadoramente en MTV en el video difusión con corrección, casi sin vuelo personal) hasta la impecable Macy Gray y otros tantos invitados como Alejandro Lerner (sí señor, sí) o Plácido Domingo, Dido, entre otros.

Acaso lo relevante de un disco de Santana es propiamente la performance de Santana. Sus incursiones guitarrísticas siguen siendo limpias y envolventes y, entre el blues, el pop y las inflexiones baladísticas alcanza a obtener méritos parciales. En esta ocasión, la receta no parece haber dado el resultado del dichoso Supernatural: cuando uno se desplaza con puntillosidad por cada track de Shaman, el mago de la guitarra redondea una faena personal que satisfacerá a sus múltiples fans, pero el formato –con invitados estrella– parece haber caducado o en todo caso haberse vuelto retórico, más allá de un puñado de baladas más que interesantes, como para ir apurando la llegada del verano. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje