Zavattini de vuelta en La Habana
Compadre de Vittorio de Sica en la creación de las gemas más preciadas del neorrealismo italiano: Limpiabotas (Sciucia, 1946); Ladrones de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948); Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1950) y Humberto D (1952); Cesare Zavattini, en el centenario de su nacimiento, será objeto de uno de los homenajes programados durante la XXIV edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
En diciembre del ’53 Zavattini llegó por primera vez a Cuba en tránsito hacia México. Había sido invitado por la sociedad progresista Nuestro Tiempo para asistir a un ciclo de cine italiano e intercambiar impresiones con los jóvenes valores nucleados en aquella institución de vanguardia, entre los cuales se hallaban dos cineastas egresados del Centro Sperimentale de Cinematografía: Tomás Gutiérrez Alea (Titón) y Julio García Espinosa.
La segunda visita de Zavattini a Cuba se realizó en enero de 1956, otro momento político de repulsa popular y represión por parte de la tiranía que tuvo su máxima expresión en los preparativos y desembarco del yate Granma a finales de ese año.
Esta vez el cineasta italiano tuvo el privilegio de asistir a la exhibición del documental El Mégano, realizado por un equipo de jóvenes cineastas de Nuestro Tiempo, entre los que se encontraban: Julio García Espinosa, Tomás Gutiérrez Alea, Alfredo Guevara y José Massip.
Fruto de esas reuniones con los cineastas cubano fue el intento de realización de un proyecto llamado Cuba mía, versión cubana de Italia Mía. Este proyecto, a pesar de no concretarse por falta de productores, resultó el preámbulo de una colaboración que, sin saberlo entonces, se llevaría a cabo en Cuba Libre.
Y así, tres años después, en diciembre de 1959, volvió Cesare Zavattini a Cuba, esta vez por dos meses. Sobre estos acontecimientos dijo: «Me considero un hombre afortunado al poder vivir en el corazón de uno de los hechos de nuestro tiempo más reales y al mismo tiempo más legendarios. Porque además de la importancia política trascendente de lo que ha ocurrido en Cuba, este momento político es un momento político de inauguración, de hazaña fabulosa, un momento que por su heroicidad parece cosa ocurrida en otros tiempos…»
El objetivo preciso del guionista italiano era ofrecer colaboración a los realizadores cubanos, para esto se reunió con ellos en el recién organizado Icaic –cuya creación fue la primera Ley cultural del gobierno revolucionario–, revisando materiales e ideas en busca de un argumento que reflejara el momento.
Múltiples fueron las jornadas de intercambio y de discusiones sobre nuevas fórmulas, decidieron optar por un argumento: «Se trata de un muchacho de unos 14 o 15 años que se alza a la Sierra. Es un argumento increíble en el extranjero…», señaló Zavattini, quien concibió el guión de lo que un año después se convirtió en el 4° largometraje del Icaic bajo la dirección de García Espinosa: El joven rebelde. Después de esta última estancia no volvió más, por razones de trabajo primeramente y de salud después, pero siempre quedó en el recuerdo de la Isla.
En el libro, «Un largo camino hacia la luz», su entrañable amigo cubano García Espinosa nos recuerda al Zavattini de sus últimos años: «Hay un camino y nosotros vemos un personaje pequeño, muy pequeño. Pero él está muy lejos y nosotros no lo podemos ver bien ni saber de quién se trata. Al mismo tiempo nosotros sabemos que él se aproxima y que nosotros lo veremos mejor. Nosotros no sabemos todavía si él formará parte de nuestra historia, pero, a primera vista, pensamos que sí.» *
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