MUESTRA DE CINE COREANO

Algo más que autos y electrodomésticos

En el correr de la última década, el cine de Corea del Sur conoció un desarrollo significativo, A sus espaldas había empero cien años de historia, aunque su primera mitad por lo menos es mal conocida: de hecho, solamente tres películas realizadas antes de 1946 han sobrevivido, y en realidad se trata de tres producciones japonesas de tiempos de la ocupación. Japón se había anexionado oficialmente a Corea en 1910, aunque su política de opresión colonial se alivió un tanto en los años siguientes. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial se produjo en Corea un movimiento de nacionalismo cultural (la Nueva Cultura) que comenzó en la literatura y el teatro y llegó al kinodrama, una manifestación escénica de raíces japonesas en la que una representación teatral se superponía a la proyección de una película.La evolución del kinodrama dio paso al cine propiamente dicho, y en los años veinte se señalan ya algunos filmes realizados por Kim do San, Yun Back Nam, Na Un Gyu y otros: en los filmes de este último, sobre todo, hay una intención metafórica pero muy perceptible de protesta contra el opresor japonés. Durante la Segunda Guerra Mundial, Japón colocó a la infraestructura de producción coreana al servicio de sus propios objetivos propagandísticos.La posterior división del país en una Corea del Norte comunista y una Corea del Sur capitalista, que como se sabe incluyó otra guerra oficialmente aún no concluida, generó en el Sur un renacimiento de la producción comercial que dio lugar en los años cincuenta a numerosos melodramas y filmes de acción. Una legislación aprobada a comienzos de los sesenta por el gobierno de Seúl fortaleció las estructuras de producción y la proliferación de un «cine de géneros» (comedias, espionaje). En esta época comienzan a perfilarse algunos nombres significativos: Yu Hyun Mok, Shing Sang Ok, Kim Su Yong, especialmente Kim Ki Young, también llamado «El Monstruo» por sus transgresores filmes de serie B poblados de médicos brujos, mujeres violadoras, necrófilos y mariposas asesinas. Su cine ha sido revalorizado por la crítica de los años noventa, como transgresor y visionario. En el terreno del «arte y ensayo», el nombre más importante de esa época es empero el de Yu Hyun Mok, en quien se han detectado vínculos con el neorrealismo y su visión cuestionadora de la realidad. Por su parte, Shing Sang Ok ha sido elogiado por su dominio de la forma y su profundidad para examinar emociones humanas. El destino de este último fue por cierto bastante pintoresco. Al parecer, él y su esposa fueron secuestrados por agentes norcoreanos, por orden del líder supremo Kim Jong Il (cinéfilo impenitente, y autor de un libro sobre El cine y el arte de dirigir), y durante los años ochenta se vieron obligados a trabajar para la industria de Corea del Norte. Finalmente se exiliaron en los Estados Unidos.

La censura y la intervención gubernamental empobrecieron el cine coreano de los años setenta, aunque los ochenta conocieron algún renacimiento. El cineasta más notorio es Im Kwon Taek, nacido en 1936, autor de descenas de films comerciales desde los años sesenta, y empeñado luego en cultivar un cine más personal. La situación de la clase trabajadora, el sometimiento de la mujer y otros temas «arriesgados» ocupan toda una zona del cine de Im Kwon Taek, y asoman a veces, incluso, en sus filmes de género.
El presente ciclo reúne un puñado de títulos del más reciente cine coreano, y puede ser una prueba de su vitalidad. Su realización ha sido posible gracias a la colaboración del Corean Film Archive de Seúl y la Embajada de Corea en Buenos Aires. *

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