LA COLUMNA AMARILLA

Reconstrucción

¿Cuántas veces han reconstruido a Susana Giménez?

No, lector, no es un chiste; ni siquiera pretende rozar una despreciativa ironía desplazada sobre la diva de la televisión argentina.

Es un hecho. Esta buena señora, que se exhibe bastante entrada en carnes, tiene encima una cantidad inapreciable de elementos que le han ido cambiando su apariencia. Nunca lució tobillos de gacela, pero sus piernas llegan a los pies asemejando macetas del jardincito de la abuela. Su rostro sonríe constantemente porque, de tanto estiramiento, los rasgos no se alteran y le es imposible cambiar la expresión facial.

Algo así como la mujer de plástico, descripción que, una vez más, hago con profundo respeto.

En fin, como la juventud no vuelve y ciertas bellas y singulares fisonomías van siendo degradadas por el tiempo y el peso, es plausible este esfuerzo por no convertirse en un globo humano, ni correr el riesgo de rajarse, ni perder orificios de su otrora erótica figura en sucesivas cirugías de estiramiento epidérmico.

Lector, sea usted indulgente, que al fin y al cabo no está tan mal.

Eso sí, en el proceso invirtió mucho tiempo y mucho dinero.

Hoy, que notoriamente me levanté influido por la perversidad del temporal de Santa Rosa, se me dio por pensar que algo similar ocurre desde hace años con el hotel Carrasco.

Ha soportado tantas intervenciones, casi siempre interrumpidas, que semeja un queso gruyere.

Luego que el entonces intendente Ehrlich resolviera la enésima licitación en 2009, tras una polémica conventillera, Ana Olivera, quien ahora decide en el palacio de ladrillo, repitió la orden de iniciar obras de remodelación para la explotación del agujereado y otrora aristocrático hotel.

¿Se harán? ¿Es posible que acaezca un milagro así?

A la empresa que ganó la licitación, y que es responsable de tales obras, se le concedió la explotación del Carrasco por treinta años.

¿Alguien llegará a ver a esta Susana Giménez edilicia?

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