UNA EVALUACION DEL FRENTE AMPLIO
En el mes de setiembre el Frente Amplio tiene previsto un plenario nacional para evaluar su actuación en la política nacional. Las urgencias del análisis derivan especialmente de los resultados electorales de mayo, cuando el FA perdió algunas intendencias y se constató un elevado número de votos en blanco y anulados en los departamentos de Montevideo y Canelones. Hay viejos temas de discusión interna que deberán tener algún tipo de resolución. Entre ellos se destacan la actualización programática, la organización interna y la vinculación con la sociedad. Existe necesidad de cambios que tienen que ser simultáneos. La discusión programática se tiene que realizar en algún ámbito apropiado que requiere modificaciones en la actual organización. Hay un principio básico que ha diferenciado a la izquierda uruguaya de las del resto del continente: la unidad como valor indispensable y central, tanto histórico como para el futuro. Es un elemento clave sostenido por las bases frentistas, por el pueblo frentista y, en general por todos los sectores políticos que lo componen. Yo inicié mis tareas en el FA en enero de 1971, como integrante del grupo asesor de Seregni, uno de los grandes referentes de la unidad de la izquierda. Por lo tanto, llevo la unidad en mis entrañas y la cultivo al máximo, en la medida de mis posibilidades. Esta unidad está claramente instalada en la bancada parlamentaria, donde siempre tenemos la capacidad de acordar, de votar siempre unidos. La unidad no está en juego, no está comprometida, pero en otros ámbitos se pierde fraternidad frentista, predominan los intereses sectoriales y las confrontaciones sectoriales lo cual es negativo. Cuando un funcionario del Estado, de muy elevada calificación sufre cuestionamientos porque no integra ningún grupo sectorial del FA, pero es un frentista de ley de toda su vida, parecería que hay cosas que no están funcionando adecuadamente. Cuando los sectores designan para cargos de mucha relevancia en función de la necesidad de controlar, más que de gestionar con eficiencia marca nuevamente que hay algo que no está funcionando bien. No se nombra en base a la capacidad, la calificación, la experiencia sino a personal de confianza del sector político correspondiente, como verdaderos comisarios que deciden de acuerdo a los intereses sectoriales. Y los frentistas de toda la vida, a veces denominados independientes, no tienen posibilidades de acceder a dichos cargos, cualquiera sea su calificación, porque no responden a ningún sector político. Hay una especie de cultura política que es necesario analizar y discutir. A veces es necesario contemplar lógicas políticas con lógicas profesionales, para no perder valiosos funcionarios que ayudan a la gestión gubernamental aportando sus importantes conocimientos. Es necesario retomar el espíritu frentista, garantizar la unidad y la fraternidad para salir fortalecidos de la instancia de evaluación que estamos viviendo. Probablemente se vive una crisis del FA, pero también una crisis de los distintos sectores políticos que lo componen.
La actualización programática es indispensable, en la medida que se dan cambios en el mundo internacional, regional y nacional. Vivimos el mundo del conocimiento, de profundos cambios tecnológicos, de innovaciones que generan transformaciones en la vida social, en la vida cotidiana, con nuevas y lógicas aspiraciones de la sociedad. La vivencia del capitalismo se vincula con su capacidad de generar estos cambios en el plano de la ciencia y la tecnología. La política y los partidos no pueden ser ajenos a estos nuevos acontecimientos. Por otro lado, el mundo desarrollado está sufriendo una crisis profunda, que deriva esencialmente de sus sistemas financieros, con repercusiones económicas, sociales y sin duda políticas. ¿Está en juego el capitalismo? ¿Encontrará las regulaciones financieras indispensables para no seguir sufriendo estas crisis económicas, que aumentan el desempleo y la desigualdad en los propios países desarrollados? Se desplomó el centro financiero de Nueva York, en setiembre de 2008, pero no hubo otro centro financiero que lo sustituyera. La seguridad la sigue otorgando el dólar y los títulos emitidos por el gobierno de EEUU. La actual recesión es importante, máxime cuando parecería que vuelven a predominar, especialmente en Europa Occidental, los fundamentalismos del mercado, de la inflación, del déficit fiscal que seguramente van a agravar los problemas del desempleo y sus consecuencias sociales. El capitalismo está en crisis, pero no surgen alternativas fuera de dicho régimen, especialmente después de la implosión de la URSS. No hay paradigmas fuera del capitalismo. Por supuesto, no lo son ni Cuba ni China, ni en el plano de sus modelos económicos, y menos en sus modelos políticos por la inexistencia de principios básicos de la democracia tan relevante para la cultura uruguaya. Respetamos los esfuerzos que puedan surgir de otras experiencias. Ubicados en el Uruguay, en el Frente Amplio nunca se habló de una salida fuera del capitalismo, por los sectores que lo componen desde sus orígenes. Por supuesto que hay sectores del FA con metas socialistas, con ideas que superan el sistema capitalista, pero que no están contemplados en las bases programáticas en toda la historia del FA. El socialismo del futuro no está claro. El pasaje de una economía que pasara del mercado a la planificación imperativa, como se planteaba en los sesenta, quedó obsoleta con la caída de la URSS. El mercado no puede desaparecer. Hay que combinar tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario. La discusión surgirá de las características de la intervención del Estado, de su extensión, de su capacidad de regulación, de orientador, de control. De su necesidad de participar en la elaboración de un proyecto nacional, de una estrategia de desarrollo, de conformación de la estructura productiva combinando su participación con el sector privado, con distintas organizaciones empresariales y sociales. El Estado es necesario para resolver los problemas del empleo que dependen del crecimiento, de la estructura productiva y de la heterogeneidad estructural. Es imprescindible para la investigación científica y tecnológica. Y por supuesto, cumple un papel central para atender los distintos problemas sociales como el de la alimentación, salud, educación, vivienda, ordenamiento territorial y seguridad social.
En el socialismo del futuro hay una asignatura pendiente de extraordinaria importancia: las distintas formas de la propiedad de las empresas. Ya no se plantea como en los sesenta el pasaje de la propiedad privada a la propiedad estatal. El predominio de las grandes empresas transnacionales se va consolidando. Las nuevas formas de propiedad social y autogestionaria difícilmente puedan competir en el liderazgo económico con las transnacionales. Por el momento, surgen con tareas complementarias para atender problemas sociales, especialmente de empleo productivo. También empieza a surgir el problema de gestión como muy importante, dados los importantes avances tecnológicos. Se rediscute el papel de la inversión extranjera directa para que sea funcional a la estrategia de desarrollo y al proyecto nacional, pero no se plantea ni su eliminación, ni su prohibición, ni su nacionalización, salvo casos excepcionales. Por todo ello, queda la interrogante sobre qué características tendrá un futuro socialismo. Entre tanto, habrá que seguir buscando salidas dentro del capitalismo, aprovechando algunas experiencias como la de los países nórdicos europeos que alcanzaron un alto grado de justicia social.
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