Mal olor
Usted, lector, con su capacidad de análisis crítico, ¿modificaría, o sea mudaría, correría de sitio, al modo de un mueble que no encuadra, o simplemente manosearía aquello que, decidido antes, ha dado buenos resultados a la sociedad?
Supongo que no. De lo contrario, y le pido disculpas por la brutal franqueza, engrosaría usted las filas de los amantes del toqueteo, cuya percepción de la realidad se basa en ese espasmo y esa esquizofrenia que suelen despertar versiones periodísticas difundidas con cierta ligereza, o que se empaña por acatamientos militantes que rajan el pensamiento propio.
No quiero confundirlo, mi amigo. Vayamos a dos ejemplos recientes, muy distintos, que aclaran la idea.
El Poder Ejecutivo resolvió reducir los pictogramas y las advertencias sobre los riesgos del tabaquismo en las cajas de cigarrillos, al tiempo que analiza autorizar el uso del adjetivo «ligth» en ellas.
¡Para qué!
Tabaré Vázquez, en ancas del corcel del disgusto, embistió contra lo que dijo, sin eufemismos, es una «debilidad frente a la presión chantajista de Philip Morris». Como se sabe, la tabacalera ha amenazado con juicios al gobierno por supuestas violaciones de convenios internacionales. También se sabe, y mal haríamos en maquillarnos de distraídos, que no hubo campaña de salud de la anterior administración más exitosa que la del antitabaco.
Algo huele mal.
¿El otro caso? Luego de años de propuestas y debates, con aportes de tres presidentes, políticos de todos los partidos, técnicos y docentes, se tejió un consenso acerca del futuro de la educación inicial basado en la extensión de las escuelas de tiempo completo. Sin embargo, intempestivamente, Primaria nos sorprende: ha decidido estudiar modalidades alternativas. Es que no habría presupuesto para consolidar el proyecto original.
¿Ahora aparece esto? ¿Después de cuanto se dijo e hizo? ¿Acaso sonó el teléfono y era el ministro Lorenzo?
Algo sigue oliendo mal y no es en Dinamarca.
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