SEQUIA
A esta altura es indiscutida la cruda realidad del cambio climático que algunos analistas para evitar debates bizantinos proponen llamar «rareza climática» en el sentido de que sean cuales sean sus causas lo cierto es que el clima en el planeta tiene y seguirá teniendo comportamientos erráticos e «inesperados»: sucesión de sequías e inundaciones, calores y fríos extremos, fenómenos que antes se producían en zonas muy concretas y que ahora se producen o pueden producirse en zonas «desacostumbradas» (vientos huracanados por ejemplo).
Ya hoy hasta los análisis estratégicos simplemente militares o referidos a la seguridad nacional en muchos países incorporan esta realidad como una de las principales amenazas (o más que amenazas):por ejemplo nada menos que el Pentágono en su última Revisión Cuatrienal de Estrategia presentada en febrero de 2010 ante el Senado de los Estados Unidos.
El casquete polar del Ártico se descongela abriendo nuevos canales de navegación entre el Pacífico y el Atlántico permitiendo llegar a zonas antes vedadas e iniciar prospecciones en busca de gas y petróleo y desatando ahora también en aquel lugar fuertes tensiones entre los países «ribereños» (Rusia, Estados Unidos, Canadá, Noruega, Dinamarca por Groenlandia).
Con estos tres párrafos procuramos basar algunas conclusiones que nos parecen harto evidentes amén de graves.
Si ello es así como lo es, lo racional es tomar las medidas correspondientes.
No estamos ante el hecho de que cada unos cuantos años en el Uruguay puede haber sequías o inundaciones.
Estamos ante la certeza de que las habrá mucho más a menudo y con esa REALIDAD tendremos que convivir, nos guste o no. Debemos tomar medidas infraestructurales insoslayables si no queremos ser «pacientes crónicos» de calamidades que se pueden evitar. Ya no se puede alegar más que fuimos, somos o seremos víctimas de algún «desastre natural imprevisto»: nos han cambiado el clima y por ende nos han cambiado el país.
Los mejores meteorólogos nacionales nos anuncian ya una posible sequía a partir de la primavera y especialmente en el norte. A esta altura deberíamos estar acostumbrados.
Podemos aceptar pasivamente el flagelo, como Job, pero para ser coherentes, después no tendríamos que quejarnos.
O podríamos evitarlo.
En nuestro país la sequía es hermana de la inundación y ambas están muy vinculadas a la energía (de esto último hemos escrito mucho).
Porque OSE es el principal consumidor de energía eléctrica (en su defecto también lo sería de hidrocarburos). Desde Aguas Corrientes (ciudad sagrada de ahora en adelante) el agua para Montevideo y sus alrededores viene en repecho y debe subir hasta los setenta metros de altura (diferencia entre Aguas Corrientes que está en un «pozo», hasta llegar a los depósitos del Cerrito o de la Cuchilla de Pereyra que como sus nombres muestran están en un «cerro». Imaginemos la presión necesaria para levantar esa columna de agua de centenares de miles de metros cúbicos al día. Esto es así porque el Río Santa Lucía desde el Río de la Plata hasta Aguas Corrientes es un estuario (casi un «golfo») que no tiene pendiente. Dicho de otro modo cada marea de dos metros y agua salada en el «mar» llegaría hasta Aguas Corrientes de no ser por ciertas represas que lo impiden.
Encima, el Río Santa Lucía hace añares que no ha sido dragado debido a una de nuestras proverbiales características antropológicas.
Ello simplemente quiere decir que, de haber una inundación aguas arriba (y para eso basta que llueva), el viejo y noble Río que tanto nos ha regalado puede buscar salida abrupta por otros caminos abriendo, por ejemplo, alguno de sus dos otros cauces viejos que todavía pueden observarse.
Ese lujo (no dragar) nos lo pudimos dar hasta hoy. Ahora es casi un crimen.
Agreguemos a lo anterior las talas indiscriminadas (la leña vale mucho) y la increíble omisión de no haber construido cuando estuvo planificado y resuelto, varias otras represas aguas arribas (de menor porte que la de Severino) para almacenar por un lado y regular por el otro, tan vital elemento que en esos casos, también podría usarse para el riego de las campiñas adyacentes.
Por eso y por mucho más decimos que en Uruguay la seca es hermana de la inundación.
Hace dos veranos (otra sequía) el nivel del embalse de Severino estuvo en situación crítica: de prolongarse la falta de lluvia Montevideo hubiera quedado sin agua.
Rogamos que ante ese estridente aviso se haga una honda reflexión de ser posible en silencio.
Tenemos un problema grave con el agua y no queremos verlo a pesar de haber tenido la suerte de que la propia naturaleza, siéndonos leve, nos lo venga avisando.
No se hicieron esas obras cuando debieron hacerse (dragado, represas auxiliares y complementarias) ni tampoco se tiene un «Plan B» que también fue estudiado a su debido tiempo pasando a dormir en los cajones el sueño de tantas otras cosas por el estilo. Porque nada de esto fue ignorado: simplemente se olvidó.
Consiste en tomar agua del Río de la Plata a la altura de Arazatí (en San José) donde ya es «dulce», y traerla mediante canales (que aprovecharán cursos fluviales ya existentes), hasta el Río Santa Lucía a la altura de La Brujas. También con fines de riego a lo largo de su paso.
Y este aspecto (el riego) es otra gravísima omisión y maravillosa posibilidad.
José Batlle proponía (¡hace un siglo!) la imprescindible (hoy más que nunca) represa en Casupá con el fin de hacer el Canal Zabala desde ese embalse hasta el Puerto con el fin de transportar cargas y regar la vasta zona aledaña a ese canal. Ahora esa represa es también imprescindible por lo dicho más arriba: reserva y regulación de inundaciones que garanticen el suministro a un Montevideo que Batlle no pudo imaginar creciera tanto.
Tomás Berreta «inventó» (hace más de medio siglo) la represa del Canelón Grande PARA RIEGO de una vasta zona agrícola de Canelones.
Ahí está prácticamente sin uso. Obras empezadas por grandes hombres e inconclusas por sus descendientes (a veces por rencillas políticas de conventillo).
Hace añares se supo y propuso aprovechar la maravilla impermeable de las viejas canteras hoy abandonadas por los alrededores de La Paz como una gran reserva de agua cerca de Montevideo. Tampoco se hizo.
Pronto quedarán sin uso nada menos que tres líneas de suministro de sucesiva antigüedad pero que todavía andan: son muchos quilómetros de caño grande que se podrán usar para riego si Dios quiere que no venga alguien a proponer desenterrarlas y venderlas como chatarra. En ese caso, inesperado pero real, se cumpliría el sueño de Berreta. Con sólo construir algunas obras, esas viejas, nobles y heroicas cañerías podrían conectarse al embalse de Berreta que aún las espera para regar Canelones y Montevideo.
|*| Escritor, senador de la República.
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