LA ESTRATEGIA DE DESARROLLO Y LAS INVERSIONES EXTRANJERAS DIRECTAS
La estrategia de desarrollo es uno de los principales componentes de un proyecto nacional que abarca aspectos políticos, económicos, sociales y culturales. La estrategia de desarrollo marca el rumbo, la dirección básica del proceso económico, especialmente a la luz de la conformación de la estructura productiva. Esta es determinante del modelo económico, del estilo de desarrollo y de la distribución del ingreso. Esta surge de la homogeneidad de la estructura productiva o el grado de heterogeneidad estructural derivada de las diferencias inter e intrasectoriales en los niveles de productividad. Los criterios básicos para la conformación de la estructura productiva son la competitivi-dad para asegurar una inserción dinámica en el comercio internacional y el empleo productivo, que resulta condición indispensable para la resolución de los problemas sociales. La conformación de la estructura productiva no puede ser rígida, sino abierta y muy flexible dada la velocidad de los cambios tecnológicos y las innovaciones y las modificaciones en los precios internacionales, especialmente de las commodities. Es muy importante definir estos criterios con la mayor participación de los distintos actores sociales como elemento determinante para el futuro desarrollo del país. Estas definiciones facilitarán políticas macroeconómicas para el crecimiento y la distribución del ingreso, con políticas activas, sectoriales y selectivas. Importa destacar que la estructura productiva histórica y la existente es fruto de las relaciones comerciales centro-periferia, dominada por los países desarrollados, por la acción y condicionalidades de los organismos financieros internacionales y por la propia implementación, en muchos países de la región, del modelo neoliberal en los noventa. Como parte de la estrategia de desarrollo se requiere también una estrategia global para atender los problemas de la fragmentación social, la pobreza y la indigencia. Esto significa acciones sobre el empleo, que derivan de la estructura económica, y especialmente políticas sobre alimentación, educación, salud, vivienda y ordenamiento territorial. El trabajo de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto denominado «Estrategia Uruguay IÍI Siglo. Aspectos productivos» es una excelente ayuda para avanzar hacia una estrategia de desarrollo y analiza ocho grupos a saber: 1. Agro-industria I, compuesto por carne, lácteos, forestal y granos. 2. Agroindustria II, integrado por acuicultura, apicultura, aves y cerdos, citrícola, pesca y vitivinícola. 3. Industrias intensivas en mano de obra con textil, cuero, vestimenta, calzado y cerámica. 4. Industria de insumos importados, que incluye plásticos, fertilizantes, metálicas, pinturas, automotriz y naval. 5. Innovadores biotech compuestos por farmacéuticas, biotecnología y nanotecnología. 6. Innovadores TICS, integrado por software, telecomunicaciones, audiovisual, diseño y electrónica. 7. Turismo. 8. Logística y transporte. Los trabajos del gabinete productivo sobre cadenas de valor agregan al sector de energías renovables. Son trabajos muy constructivos que ayudarán a definir sectores ganadores para apoyar y promocionar a través de los distintos instrumentos de política económica. La elaboración de una estrategia de desarrollo requiere de la participación de los distintos actores políticos y sociales. La presencia y acción de empresarios nacionales es vital para esta tarea, conjugando sus intereses económicos con los intereses nacionales. Pero en esta nota queremos resaltar el papel de las empresas transnacionales que, a través de las inversiones directas, tienen un enorme poder en el plano internacional y lógicamente en los planos nacionales. En la actualidad las empresas transnacionales generan el 20% del PBI mundial, 40% del comercio mundial corresponde a transacciones intrafirma y se involucran como compradores o vendedores en el 75% del total de transacciones comerciales internacionales. Hoy en día, es muy difícil concebir que puedan repetirse estrategias de crecimiento muy proteccionistas de bienes y de empresas como los casos de Japón y Corea del Sur en décadas pasadas, que no permitieron el ingreso de las empresas transnacionales. Las perspectivas internacionales marcan una mayor presencia de estas grandes empresas. El punto central, para un país como Uruguay, es buscar los mecanismos de regulación que logren un funcionamiento compatible con la estrategia de desarrollo. La inversión directa extranjera debiera aportar las nuevas tecnologías de producción y de gestión, el capital necesario, mercados externos, formación de recursos humanos nacionales y recursos fiscales. La regulación de dichas inversiones por parte del Estado es central para que no sea contradictoria con la estrategia de desarrollo, con los criterios centrales de la estructura productiva y para que no se instalen en sectores estratégicos, y a veces mono-pólicos, y alcancen un poder desmesurado en un pequeño país. Importan especialmente las inversiones extranjeras directas nuevas más que aquellas que sólo significan cambios de propiedad. El Estado -que otorga diversos estímulos económicos a estas inversiones- debiera negociar contrapartidas de desempeño que permitan evaluar su gestión. Entre ellas se destacan las exportaciones con mayor valor agregado y con mayor contenido tecnológico, la reinversión de utilidades, la generación de empleo productivo, la posibilidad de trabajadores nacionales en cargos de dirección, correctas relaciones laborales y el abastecimiento de insumos nacionales para asegurar el mayor grado de integración productiva. Además de estas normas clásicas, que deben adecuarse a cada circunstancia, surge con relevancia la regulación para asegurar las mejores condiciones ambientales. Una de las tareas centrales para el Mercosur y la Unasur es avanzar en negociaciones con los países desarrollados en materia comercial, financiera y productiva. Para países pequeños una negociación conjunta con las empresas transnacionales es de vital importancia. Importa conjugar sus objetivos de rentabilidad con las estrategias nacionales y regionales. Las bases de los estímulos económicos y de las contrapartidas de desempeño debieran surgir de estas negociaciones. Ello también permitiría coordinar los estímulos de cada país para obtener la localización de estas inversiones directas extranjeras. Importa destacar en estas negociaciones la necesidad de enfrentar el Acuerdo Multilateral de Inversiones elaborado en el mundo desarrollado que busca limitar la acción de los Estados nacionales para aplicar políticas económicas (financieras, comerciales, fiscales y laborales) sobre las empresas transnacionales con la autonomía correspondiente.
(1)Senador por la 609-FA. Economista
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