¡Paren esto!
¿Quién ha olvidado aquella frase que Quino puso en boca de su entrañable personaje Mafalda: -¡Paren el mundo que me quiero bajar!
El humorismo inteligente, que juega con la ironía fina para hurgar en lo que pasa, alivia los sufrimientos de la vida y defiende del miedo que ciertas afirmaciones de políticos, a veces, incorporan a la sociedad.
Según versiones periodísticas del pasado viernes, el presidente de la República y el ministro del Interior habrían hecho y uso el condicional porque me entero por otros declaraciones capaces de causar el estremecimiento del ciudadano común.
Pertenecería a Mujica, de acuerdo a tales versiones, la escandalosa afirmación de que en el Comcar hay reclusos «que disparan armas de fuego desde sus celdas contra las garitas de los policías que vigilan».
Entre tanto, Bonomi habría dicho que en la base de la inseguridad están organizaciones delictivas que manejan el negocio de la pasta base, «detrás de las cuales siempre hay una conexión policial».
¿Cómo no sentir miedo, y hasta una absoluta incomprensión, si es verdad que las armas circulan dentro de las cárceles, aparentemente merced a una graciosa corruptela que las pone en manos, al cinto o debajo de la almohada de los presos?
¿Cómo no conmoverse, y caer en la estupefacción más aplastante, si es verdad que cada célula local del narcotráfico está protegida por funcionarios de seguridad infieles que traicionan al gobierno y al país?
Recuerdo que Bonomi, precisamente, al asumir su cargo, hizo insistentes alusiones a la necesidad de crear un servicio de inteligencia que, entre diversas misiones, ayudara a limpiar la organización policial, previniendo y sancionando, en un camino, que se sabe arduo, hacia la purificación.
¡Pero hay que parar esto!
Si las versiones difundidas se ajustan a la realidad, y no han sido desproporcionadas por algún periodista, estamos sentados encima de un barril de pólvora jugando con un yesquero llameante.
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