Desencuentro
Y después dicen que el tango, por su vejez, no refleja la vida cotidiana. Déjense de gansadas.
«¡Qué desencuentro más hondo,/ qué desconsuelo brutal!,/ que ganas de echarse en el suelo/ y ponerse a llorar».
Imagino que así se siente, aunque quizás sin una expresión tan dramática, el juez de Adolescentes de 4º Turno Washington Baliva. Y, de un modo parecido, los policías de la Seccional 16ª.
Todo por un jovencito sospechoso de integrar una banda dedicada al secuestro exprés, al que el magistrado liberó luego de cumplida la indagatoria.
¿Por qué el desencuentro? ¿Por qué uno y otros mascullan, mirándose de soslayo sin pizca de empatía?
Baliva dijo que dispuso la libertad del adolescente con la orden de que fuese vigilado, en una operación de inteligencia, por quienes trabajaban en el caso, persuadido de que se llegaría hasta sus cómplices. Sin embargo, los policías lo habrían desoído.
Los investigadores, en cambio, aducen que cumplieron el mandato y que la pesquisa avanzó, pero cuestionaron entre dientes la decisión judicial. La consideraron un error y siguen en sus trece acerca de que había pruebas suficientes para procesar al menor, que ahora, libre, ha vuelto a representar un peligro.
Con o sin el tango, la situación inquieta. Perdura desde hace ya demasiado tiempo el desencuentro entre algunos jueces y policías.
No se trata sólo de la presentación de pruebas consistentes para una sentencia, sino de aspectos diversos de la investigación.
La incomprensión, la molestia y el miedo de los contribuyentes han devenido una pandemia.
El proyecto de un nuevo Código del Proceso Penal es una esperanza, algo polvorienta por el tiempo transcurrido entre cajones y escritorios. Mientras se aprueba, si es que ocurre, ¿cómo se arregla este entuerto, que cada día regala un nuevo capítulo para la desgracia pública?
Sólo falta que contraten a Ruedita como asesor, que cree que el secuestro exprés es una nueva marca de café instantáneo.
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