HEROPA

El Mellao Iturria, legendario intelectual sanducero, contó una vez (y está escrito), cierto problema pesquero que tuvo con una muy inteligente tararira portuaria.

Casi fallecido por entonces el otrora pujante Puerto fluvial, sus muelles siguieron dando hospitalario asiento a los pescadores de caña y aparejo: entre ellos, el Mellao.

En tan serenas cuanto solitarias y pacientes horas, alguna que otra cosita se pescaba como para enriquecer la olla.

Pero hubo una fastidiosa tararira que vaya uno a saber por qué, dedicóse a partir de cierta mañanita a romperle al Mellao aquel mágico sosiego:

– ¡Pahero! ­ al decir de Iturria, le gritaba, no muy fuerte, desde abajo del agua.

Así por días y días y solamente contra él. Ensañada con él al punto de hacerle perder su proverbial paciencia. «¡No hay derecho: ir a pescar y que lo anden insultando a uno que no le hace daño a nadie!», le explicó en el boliche una noche al Martillo Varela (que nos lo contó dando fé en el Corredor 23 de Punta Carretas). – ¡Yo la voy a arreglar a esa tararira! ­ anunció cuando su problema comenzaba a ser famoso en Paysandú.

Y dicho y hecho: nunca se supo cómo, pero mediante una muy especial carnada (agua bendita con lucera y otros componentes según se especulaba) pudo al fin pescarla. Era grande.

Lo miró con ojos aterrorizados cuando el Mellao metiéndole el puño por la boca le llegó hasta la cola y, como a una media, la dio vuelta y la tiró, aún viva, al agua.

– Para que aprendas a respetar a la gente ­ murmuró por fin Iturria en el solitario muelle.

Grandísima fue su sorpresa cuando un rato después y desde abajo del agua empezaron a gritarle, no muy alto: ¡Heropa! ¡Heropa! …

¡Es de no creer! ­ lamentaba noches después, en el mismo boliche.

Este hecho histórico explica algunas cuestiones estratégicas.

Argentina quedó como la tararira del Mellao, y eso trae graves consecuencias a la región pero en especial al Río de la Plata y a la Hidrovía (sin olvidar al Atlántico Sur).

Riquísimo y grande país tuvo (y tiene pero sin poderlos usar) gas y petróleo. Ese grandísimo privilegio fue obra de la naturaleza pero también de inteligentes y nacionalistas políticas de buen gobierno (en el pasado).

Gracias a ello, los argentinos organizaron su consumo de energía desde sus propios yacimientos. El petróleo y el gas les venían desde «adentro». El país era autosuficiente (y a veces exportador) llegando para el caso del gas a ser uno de los países de mayor consumo domiciliario (con las inmensas redes de suministro correspondientes).

Saqueos y vandalismos posteriores, a manos de malgobiernos de variada laya, que comenzaron por entregar a empresas transnacionales de buitre vocación, y a precio vil, tanta riqueza, terminaron con Argentina donde era harto previsible que iban a terminar.

Dichas políglotas empresas de nombre rimbombante y grandísima publicidad, exprimieron alevosamente los yacimientos hasta que no les quedara jugo y NO reinvirtieron un peso en nuevas exploraciones y perforaciones para mantener y de ser posible aumentar la producción de cara al futuro. Un futuro que trae siempre consigo, en esa materia, facturas muy previsibles a cobrar.

La consigna era llevarse, y de apuro, la mayor riqueza posible. Y «dejar el pozo» ­ como la liebre ­ cuando ese futuro llegara. Estamos hablando, propiamente, de estos mismísimos días.

Cuando se deja de invertir en esas cosas por mucho tiempo pasa lo que a los uruguayos en menor escala nos pasó con la UTE: después hay que hacer todo junto lo que es prácticamente imposible. Y hacerlo, además, bajo la amenaza de cortar el suministro.

Para poder disfrutar hoy de las riquezas disponibles en su subsuelo, Argentina debería realizar en poco tiempo las inversiones que debieron haberse realizado en mucho tiempo. Pero, aún así, si fuera ello posible, dichas obras a su vez llevan tiempo. Se trata de un crimen por donde se lo mire. Perteneciente a la gama de las TRAMPAS, que este y el anterior gobierno recibieron como peludo de regalo.

Entonces y por eso, Argentina que estaba organizada infraestructuralmente para recibir su petróleo y su gas por vía interna, debe de apuro recibirlo por vía externa (gas y petróleo) sin tener, tampoco, las debidas infraestructuras necesarias al respecto: DOBLE TRAMPA.

Por ejemplo, Uruguay sin petróleo desarrolló a su escala lo necesario para recibirlo del modo más «cómodo» posible (Boya Petrolera, etcétera).

Pero, ejemplo al revés (como la tararira), la UTE, engatusada oportunamente por los vándalos que asolaron Argentina, apostó al gas argentino construyendo nada menos que tres gasoductos con fortísimas inversiones, absolutamente segura de que por ahí resolvía el futuro de la demanda eléctrica uruguaya con el agregado de aportar gas (casi infinito se creyó) para otras demandas (domiciliarias y aún de transporte vehicular: autos a gas).

Como demostración de la realidad estratégica (y de la tararira), en estos días se propone construir una enorme planta regasificadora en Montevideo a medias con Argentina (se traerá el gas por barco desde lejanos confines) y usar los gasoductos al revés, como la tararira del Mellao: de acá para allá y no de allá para acá.

En estos días, una empresa privada reclamaba contra la demora de nuestro Gobierno, en autorizar sus obras en Nueva Palmira para la instalación de una terminal especializada en graneles líquidos… Hablando en plata, eso quiere decir petróleo y refinados. Nadie hubiera imaginado hace muchos años que tal cosa fuera posible en Uruguay pero hoy es un buen negocio ayudar a Argentina a resolver sus problemas logísticos referidos al petróleo.

En el espacio de tiempo necesario para que una Argentina en manos nacionales recupere su potencial energético propio, caben y son imprescindibles soluciones logísticas que le permitan aguantar las consecuencias del despojo perpetrado.

Uruguay debe ofrecerle todas las que necesite.

|*| Escritor, senador  de la República.

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