Para calentarse
El frío penetra hasta los huesos, se haya puesto uno el abrigo que sea, y las partes pudendas se agrietan y desaparecen.
¡Qué lo parió!
La ola de aire polar, que durará toda esta semana, exige medidas de defensa. Anoche, con cuatro bolsas de agua caliente en lugares clave del cuerpo y siete frazadas, tras reflexionar unos pocos minutos, hallé algunas para ir tirando. Las comparto con usted, lector.
Son cosas que pueden calentar en serio.
Colgar en la pared frente a la cama un retrato grande del Goyo Alvarez, con el uniforme recién planchado y guiñando un ojo.
Prestar atención a la crónica policial del noticiero de un canal privado, sin pestañeos defensivos, y grabar la de algún otro para verla a la mañana, mientras se prepara el desayuno. (Importante: alejar el cianuro).
Enterarse intempestivamente, sin anestesia ni preparación, que el pulpo Paul es representado por Paco Casal.
Acostarse con Shakira susurrándonos el «Waka Waka», himno del Mundial de Sudáfrica. (Aclaración: hay que prometer, documento notarial mediante, que nos dormiremos enseguida y no joderemos con el sonambulismo).
Intentar en la intendencia de Montevideo la devolución de dinero de una multa que fue mal aplicada y esforzarse por sobrevivir objetivo que, de lograrse, hará que la calentura dure hasta más allá del invierno al tsunami burocrático y prepotente que querrá arrastrarnos a cierto panteón municipal donde van los que tienen perdida la fe y los pelotudos.
Lograr que el senador Lorier explique, con esa calma chicha que lo caracteriza, pero en arameo, por qué el Presupuesto quinquenal puede comprometer aspectos del programa del Frente Amplio. Y sostenerse de pie, claro.
Convocar a una movilización al trote desde el Palacio Legislativo a la playa Ramírez, para lanzar la gran puteada nacional contra el clima, imaginando que es el alemán que le hizo un gol con la nuca a Uruguay aprovechando que Muslera se demoró en el cambio de semáforos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad