Dejó la marca
Hyara Rodríguez ya no es la intendenta de Montevideo. Ya veremos cómo se maneja Ana Olivera con el pesado paquete.
En la despedida, un elogio para Hyara, de quien mucho más podría decirse.
Un solo caso. Antes de irse, dejó la marca. Con esa mirada engañosamente lánguida, enmarcada en una negra cabellera de diva en retorno, pero sin desalentar un instante su porte enérgico y decidido, tomó una medida que sentó un precedente. Culminado el sumario interno de rigor, sancionó a unos inspectores de tránsito con suspensiones de cuarenta y cinco días a tres meses por el destrato a una contribuyente.
El hecho es conocido. Esa persona, por la actitud de los funcionarios que consideró no ajustada a derecho, los filmó con un celular y registró su comportamiento prepotente, estilo John Wayne en papel de vaquero de altas caderas, lanzándoles, con una denuncia inmediata, la cerilla que causó la incineración de quienes suelen creerse intocables.
Hyara sabía el riesgo. Pero igual se lanzó contra el comité de poder que estos señores tienen incrustado en la mismísima Intendencia. Y lo perforó.
No importa lo que pase ahora, sean pataleos, movilizaciones, paros o esas exquisiteces verbales con que muchos de ellos acostumbran responder desde su búnker de entre casa; la intendenta saliente sentó jurisprudencia. A llorar a un rincón.
Hace mucho tiempo que los popularmente llamados «zorros grises», o groseramente lo que no comparto «chanchos», habían sentado sus reales destratando a la gente, unidos cual secta por lazos de conveniencia, ya que no de sangre. Pesa aún en su conducta aquel regalo de la administración municipal de Tabaré Vázquez, que yo no he olvidado, de darles un porcentaje, adicional a su considerable salario, por cantidad de multas aplicadas.
Bueno, a unos pocos les sacudieron las nalgas. Resta que se les quite a todos ese beneficio, que, por su condición de personal con autoridad punitiva, roza la inmoralidad.
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