DIARIO DE CAMPAÑA:

LA CANCHA LE ENSEÑA A LA VIDA

Don José Gervasio Artigas jamás soñó con una República Oriental del Uruguay ni mucho menos con la bandera coronada por un sol. De hecho el Uruguay fue el fracaso de su proyecto federal, impulsado por la diplomacia inglesa que al amparo del Tratado de Viena deseaba navegar libremente ríos arriba y tener un tapón frente al «peligro Rosas» (el Chavez de la época, que ya en 1829 gobernaba la provincia de Buenos Aires y era previsible su ascenso- seis años posterior- al poder en la Confederación Argentina), por un lado, y el menos díscolo pero demasiado grande y poderoso, Imperio del Brasil. Y también fue obra de los «malos americanos» de la burguesía montevideana que prefirieron ser «cabeza de ratón antes que cola de león».

Pero somos Uruguay. Y si bien «somos lo que hacemos para cambiar lo que somos», y ya no solo el MERCOSUR, sino la UNASUR y toda forma de alianza que tienda a la Patria Grande es nuestro sur, mientras tanto somos Uruguay. Y en este pedacito de tierra, tan pequeña como privilegiada por la naturaleza, vivimos y aprendemos, desde buscarle el color a nuestra aldea, a pintar el mundo.

Se ha dicho que un gran honor del Uruguay es que, para su población, sus mayores héroes no son guerreros, sino el Artigas de las Instrucciones del año XIII, el estadista y revolucionario de la Quinta de la Paraguaya, y Obdulio Varela, el Negro Jefe, deportista y referencia obligada de la hazaña de Maracaná.

Lo que es en todo caso incuestionable es que si algún sentido tiene sentirnos profundamente uruguayos, con la vocación inclaudicable de fundirnos en el gran sueño latinoamericano, es cultivar y brindar a todos a nuestros hermanos, como nuestro aporte al acervo colectivo, los valores de civilidad, republicanismo, esfuerzo, humildad y trabajo que han hecho los mejores logros de este rincón del planeta.

La semana pasada nos referíamos al mundial, la presentación de la celeste y el poder de los micrófonos. Hoy nos ocuparemos de enseñanzas con sabor a pastos, sudor, sangre, dolores musculares, barro y dientes apretados.

Hoy martes Uruguay estará jugando ante Holanda su posible pasaje a una final mundial. Lo logrará o no y bien poco me importa. Naturalmente lo deseo con toda el alma, pero sea cual sea el resultado, hay campeonatos que este plantel ya ganó en el terreno de la vida y que lega numerosas enseñanzas para los que transcurrimos fuera del césped de los estadios.

Esta selección uruguaya no enseñó a todos que los resultados ni llueven del cielo ni llegan rápido. A punto de ser eliminada en la altura de Quito, salvó el resuello con un penal en la hora de Forlán. Jugado a conquistar el pasaje al mundial en el Centenario y ante Argentina, debió ir a una repesca con Costa Rica para ser el último en clasificar.

Pero Tabárez no levantó el tono, Lugano no dejó de apretar los dientes, Forlán de jugar ni el Loco Abreu a esperar pacientemente que le tocara entrar en juego para que, por arte de mágica locura, dejar su sello en reiteradas ocasiones. Se siguió trabajando igual, creyendo igual. Tratando de trabajar más y jugar mejor, sin dramatizar, sin golpear, ni desfallecer, ni desesperarse .

En la vida no se gana siempre. Es más , hay momentos en los que parece que se está perdiendo por goleada. Pero quien cree en sí mismo y en una forma de hacer las cosas, quien reconoce errores y trabaja más o mejor, tarde o temprano sale adelante. Y quien se cree cubierto por una eterna pátina de gloria, inmortal entre los héroes intocables, ganador del partido antes de pisar la cancha, más de una vez termina mereciendo pena y vergüenza ajena. En la perseverancia, paciencia, constancia y lealtad hacia el propio proyecto, todos los seres humanos jugamos nuestras eliminatorias y copas mundiales. Y cuando más fuerte suenen los pelotazos en nuestro arco, más con la cabeza erguida, más dignamente, más humildemente y más autocríticamente hay que salir adelante.

Luis Suárez ansiaba jugar contra Holanda. Le molestaba infinitamente que la prensa holandesa despreciara previamente a su Uruguay. Era su partido. Era su revancha. Era su momento de mostrar quién es quién. Luis Suárez es delantero y goleador. Sin embargo, el último minuto del alargue contra la Ghana lo encontró defendiendo en la misma línea del arco celeste y al atajar con sus manos el seguro gol africano, perdió el partido de sus sueños, pero lo hizo posible para el equipo.

Los proyectos que realmente importa son plurales, son colectivos y están regados de cariño y compromiso. Las aventuras y veleidades individuales, los afanes estelares, imperiales o pontificios, nunca trascienden al camposanto. La generosidad en la entrega a un colectivo sí. A veces, el colectivo requiere al individuo pasarla muy mal, pasar por malo, por tonto, ridículo o privarse de su legítimo derecho. Pero quien es capaz de hacerlo, se gana para siempre su propia trascendencia. Cada vez que la suerte colectiva se celebre, en algo, su sacrificio estará presente.

El ruso Pérez regó de sangre las canchas sudafricanas. No ajena, fruto de patadas arteras. Sangre propia, fruto de un sacrificio absolutamente espeluznante, que junto a Arévalo Ríos hizo del mediocampo celeste un puntal. No es sin dolor y pena que se consigue nada. Tampoco es por la violencia que se gana el título de corajudo, sino por resistir a ella, aunque a veces las heridas queden expuestas y la sangre se aprecie desde las cámaras de TV.

Todos llamamos Loco a Abreu, pero su último final ante Ghana fue definido de la manera más impecable para la situación. Bien picada ante un golero ansioso y desesperado, la pelota era inatajable. No fue ningún acto de locura hacer lo correcto en el momento correcto, fue un acto de inteligencia y coraje aunque quizás no sea comprendido por un buen tiempo. Más de una vez hacer lo correcto en el momento correcto se paga con el mote de locura y la incomprensión. A quien lo hace, seguro que bien poco le importa. Le importa simplemente haber hecho lo correcto en el momento correcto, y tener el coraje que otros no tendrían en su lugar y circunstancia.

Muslera, la Tota Lugano, Victorino, Scotti, Cavani, el formidable Forlán, Juan Castillo y su desmayo ante el penal ghanés, todos mostraron a todo un país que hay una sola forma de llegar lejos: trabajando con humildad, en silencio, con infinita paciencia y con galvanizada resistencia al dolor y a la frustración.

Asumiendo con coraje y decisión todos los sacrificios personales que el colectivo requiera, y las decisiones debidas en el momento debido, así fuera locura para casi todos, si la conciencia lo indica con voz nítida e ineludible.

Si de este mundial de vuvuzelas y sorpresas, hacemos un resultado deportivo y nada más, no será más que una anécdota sabrosa, pero anécdota al fin. Si de la formidable lección, que desde la cancha Tabárez y sus muchachos nos están dando , somos capaces de construir una alegoría para el proceder colectivo e individual, habremos ganado el más duro, inapelable e importante de los torneos: el de nuestro futuro como sociedad. Para beneficio nuestro y de de todos los hermanos que Artigas jamás quiso que nos fueran separados al nacer.

|*| Analista y matemático.

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