LA COLUMNA AMARILLA

Ah, Brasil, Brasil…

Es curioso. La noticia a la que me referiré tuvo escasa difusión pese a su importancia intrínseca.

Pasó por algunos medios entre gallos y medianoches, como si no se hubiese entendido, no se confiara en la fuente o se prefiriera aguardar por más detalles que dieran mayor certeza.

No sé. Hay tantas cosas raras que nos rodean.

Pero, en fin, he aquí la versión: la mayor empresa generadora de energía de Brasil, que se dice lo es también del mundo, habría ofrecido a Uruguay el suministro necesario para abastecer, desde Río Grande, la línea general de transmisión de 500 kilowatios. Sería energía a un precio fijo durante 25 años, considerablemente menor al actual, que tiene un fuerte componente de combustibles cuyo valor sufre oscilaciones violentas debido a circunstancias ajenas a nuestro país y que, por tanto, éste no puede manejar.

La base de esta energía proveniente de Brasil es un tipo de carbón no extraíble, o sea que debe ser explotado en el lugar. De ahí sus ventaja comparativas, porque todo aquel combustible que se puede mover, o sea exportar, caerá en la misma lógica perversa del mercado que todos los demás, sea petróleo, gas o lo que fuere.

¡Ah, Brasil, meu Brasil, brasileiro…!

Si esta información es verosímil, no sé qué le queda ya a Brasil para seducir al gobierno de Uruguay y ser un aliado permanente. Estamos recibiendo de él un cariño tan untuoso como el de Chávez, por ejemplo, o tan inesperado y riesgoso como el del matrimonio de pingüinos que llegó de Santa Cruz a la Casa Rosada.

Está bien pendular. Y viene a medida, por nuestras desventajas comparativas múltiples, aquel viejo dicho «mejor no casarse con nadie y coquetear con todos».

Pero sería igualmente provechoso, si es que Brasil ofrece lo que se dice está ofreciendo, y no nos pide bajarnos los calzoncillos, no omitir visitas, abrazos ni besitos a Lula, aunque esté por irse.

Astuto maestro de las relaciones regionales, perdurará su influencia.

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