Seguimos igual
Ruedita es un tipo tan lento, pero tan lento que cuando tira una moneda al aire cae al día siguiente.
Hablando de lentitud, escribía yo, ayer, acerca del caso del ex juez Alvarez Petraglia y la demora, al menos desde la perspectiva del hombre común, de la Suprema Corte de Justicia en aclararlo. Sorpresivamente para mí, y casi como una paradoja, el mismo día se publicó un comunicado de la Corte con ese objetivo.
Pero esta respuesta dejó a la ciudadanía esa que balconea confundida, sin información especializada en el mismo sitio que estaba, oscurecido de dudas.
Según ese comunicado, el reclamo de Alvarez Petraglia, que renunció por haber hecho una denuncia contra dos colegas y advertir que el sumario instruido lo colocaba a él como sujeto de investigación, no corresponde: para la Corte, a su mesa llegaron primero las acusaciones de esos dos magistrados Ohanián y Graziuso contra Alvarez Petraglia y luego entró la presentación de este. O sea que, a fines del sumario, Alvarez Petraglia es denunciado y no denunciante.
Por más que yo sea un lego digo que esta cuestión cronológica, con la que el renunciado discrepa, no es lo crucial.
Hay un punto del comunicado donde conviene detenerse: «No se indicó al Ministro instructor que realizara interceptaciones de correspondencia»; sin embargo, no aclara si de todos modos se hicieron, tal cual dice Alvarez Petraglia haber comprobado, ni echa luz sobre presuntas violaciones de la intimidad que habrían lesionado sus derechos constitucionales.
Es uno de esos casos sobre los cuales mi amigo Epifanio, sorbiendo sin apuro un tinto agrisado con zapallitos y nueces, dice: No sigas aclarando, que oscurece.
Para la Corte la investigación, en su actual estado, es reservada; oportunamente se harán públicos sus resultados.
Ese sentido de la oportunidad, o del tiempo, es lo que tiene mal a casi todos.
Salvo, claro, aquellos que lucen una cabeza tan chica que no le cabe ni una duda.
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