UN MUNDO MAS AMISTOSO ES POSIBLE

En la Comisión de Asuntos Internacionales del Senado del 17 de junio se trataron las venias de tres futuros embajadores de Uruguay: el señor Omar Mesa González, quien ha sido propuesto como embajador plenipotenciario ante el gobierno de la República Francesa, a la señora María Cristina Figueroa Ursi, propuesta para similar cargo ante el gobierno de la República de El Salvador, y al señor Gustavo Alvarez Goyoaga, candidato a embajador de Uruguay ante el gobierno de la República Italiana.

A veces la actividad parlamentaria nos permite evocar experiencias personales que, aunque sean muy diferentes entre sí, hablan de las grandes posibilidades que tenemos para estrechar los vínculos con otros pueblos y naciones.

 

Francia y Uruguay, política y fútbol

Omar Mesa González hizo una excelente puesta a punto de las relaciones entre Francia y Uruguay y las proyecciones de su trabajo como futuro embajador. Señalamos en la Comisión, al fundamentar nuestro voto afirmativo a la venia solicitada por el Poder Ejecutivo, que la vida de Mesa González «ha sido compleja y difícil de sobrellevar, sobre todo por razones de índole familiar y por las peripecias que tuvo que vivir, fruto de su prisión. Lo conozco desde hace un tiempo y puedo decir que le he solicitado información, apoyo y asesoramiento durante los cinco años pasados y siempre he encontrado en él a un hombre con la mejor disposición, un verdadero profesional en su carrera. Creo que como embajador va a representar muy bien al país».

Entendimos asimismo que correspondía, en esta oportunidad, hacer un reconocimiento especial y recordar a los dos anteriores embajadores en Francia, cuya venia también nos tocó votar. Uno es el doctor Héctor Gros Espiell, «figura destacadísima de la nación, un hombre vinculado al Partido Nacional pero, por encima de todo, comprometido con el país», que «supo desempeñar con absoluto patriotismo y responsabilidad ética y política todas las misiones que se le encomendaron. Lamentablemente, la última no la pudo terminar: la que llevó adelante como jefe de la delegación que defendía a Uruguay en los episodios de La Haya». El otro ex embajador ante Francia cuya venia habíamos votado en la comisión es el señor Jorge Lepra, cuyos méritos también destacamos. Asimismo juzgué oportuno evocar la figura del doctor Miguel Semino, aunque no integrábamos la Comisión de Asuntos Internacionales cuando se votó su venia. Expresé mi excelente opinión de Semino, de cuya hospitalidad y la de su señora esposa tuve el honor de disfrutar en la Embajada de Uruguay en Francia.

Finalicé mi exposición expresando que, «habida cuenta de que estamos en pleno Campeonato Mundial de Fútbol, quiero citar la extraordinaria iniciativa que tuvo el embajador de Francia en Uruguay, Jean Christophe Potton, quien el día del partido entre Francia y Uruguay hizo una convocatoria a la que asistió, en representación del gobierno nacional, el ministro Eduardo Bonomi, y a la que concurrió además un gran número de parlamentarios, dirigentes políticos, sociales y deportivos. En este último grupo se encontraban tres jugadores que integraron equipos en Francia: Ildo Maneiro, Ruben Paz y Venancio Ramos». Tras reiterar mi saludo a la iniciativa del embajador, el hincha de la celeste se impuso a la formalidad legislativa y no pude evitar recordar que en Sudáfrica «se están dando resultados más favorables para Uruguay que para Francia».

 

EEUU, la guerrilla salvadoreña, el acuerdo de paz y las peripecias de la historia latinoamericana

También hicimos uso de la palabra para fundamentar nuestro voto favorable a la venia a María Cristina Figueroa Ursi, con cuyo informe quedé profundamente impresionado. He estado varias veces en El Salvador, como observador electoral y como participante de congresos. En lo personal, conozco a muchos dirigentes políticos de ese país, casi todos del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), el partido que respalda al presidente Mauricio Funes. «Estamos hablando de un país en el que hasta hace no muchos años había una guerrilla, que hoy está en el gobierno», expresé en la Comisión. «Tampoco es fácil describir la relación que hoy existe entre el FMLN y el presidente Mauricio Funes, pero la señora embajadora lo ha hecho con absoluta precisión, sin decir nada de más ni nada de menos».

La señora Figueroa resumió con mucha claridad la situación de El Salvador: «Enfrenta un desalentador panorama social: extrema pobreza; el trauma dejado por la guerra civil y su polarización; una violencia criminal significativa; una violencia doméstica también importante; una gran desintegración familiar y una emigración muy importante». Seguidamente destacó la importancia de los Acuerdos de Paz que firmaron el 16 de enero de 1992 el gobierno de la época y el FMLN, «que pusieron fin a una guerra civil de doce años que costó la vida a aproximadamente 65.000 personas. Los acuerdos dieron lugar a programas y reformas. Se reestructuraron y depuraron las Fuerzas Armadas, se fortalecieron las instituciones democráticas y, obviamente, también la parte económica, comercial y política».

Asimismo, la futura embajadora dedicó un párrafo muy elocuente a las relaciones entre nuestros dos países que me interesa reproducir aquí: «La importancia de la presencia de nuestro país en El Salvador es particularmente política. Es un compromiso de relevancia como actor en la política internacional, por el interés que tenemos por la región y por todos los apoyos en los que ha participado siempre Uruguay en los procesos de pacificación».

Tras evocar a un dirigente guerrillero de quien fui amigo, Schafik Handal, líder histórico del FMLN, fallecido hace pocos años, que visitó varias veces Uruguay, una de ellas cuando asumió Tabaré Vázquez la Presidencia de la República, recordé en mi intervención una situación que me tocó vivir con relación a El Salvador, a la que nunca me había referido. En los primeros años de la década del noventa se realizó un seminario en el Hotel del Lago para informar sobre las relaciones entre las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y los comandos de América Latina y las comisiones de Defensa de los Parlamentos. No era legislador pero concurrí como secretario del general Líber Seregni. Estaba presente el jefe del Comando Sur de EEUU, en aquella época todavía con asiento en Panamá, militar cinco estrellas con una larga actuación en Vietnam. Expresé a la futura embajadora y a los miembros de la Comisión que «en esa época yo tenía mucha relación con lo que todavía era la guerrilla, actuando en representación del general Seregni, precisamente porque estábamos trabajando para buscar un acuerdo de paz». Le dije a uno de los ayudantes del comandante que quería hablar con él. Esta persona se sorprendió, me preguntó quién era yo y para qué quería hablar con el militar. Le respondí que «quería hablar de la paz en El Salvador. Se sintió un poco incómodo, porque a esos funcionarios no les gusta que le aparezcan planteos que no están en sus códigos. Sin embargo, ese mismo día, en un intervalo del seminario, me ofreció a conversar durante el almuerzo». Me dijo que había traído como asistente a alguien que fue secretario político de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador y que conocía muy bien la situación en ese país. «‘¿Y cuál es su planteo?’, me preguntó el comandante. Le contesté que estaban absolutamente dadas las condiciones para avanzar en un acuerdo de paz en El Salvador y que había hablado con altos dirigentes del FMLN ­en ese momento todavía clandestino­ y que tenían interés real en lograr un acuerdo. Me respondió ­no recuerdo exactamente las palabras­ que esa no era la información con la que contaban, ante lo cual le reafirmé que esa era la aspiración del FMLN. ‘¿Y por qué nos dice eso a nosotros, americanos, que no tenemos nada que ver con las Fuerzas Armadas de El Salvador?’, preguntó, y le contesté que era, precisamente, porque yo pen
saba lo contrario: consideraba que el Comando Sur de EEUU tenía posibilidades de incidir en las Fuerzas Armadas de El Salvador y, así, contribuir a lograr el acuerdo de paz».

Seis meses después se firmaría el Acuerdo de Paz, que abrió el camino democrático que, con el correr de los años, condujo al FMLN al gobierno por la vía electoral. Me pareció oportuno recordar aquel proceso que forma parte de la nueva realidad que se ha ido abriendo camino en nuestro continente. También en la hermana República de El Salvador se dio una de esas paradojas de la historia latinoamericana que a veces asombran a observadores de otras partes del mundo.

No quise dejar pasar la oportunidad de evocar, al recibir a la futura embajadora uruguaya en El Salvador, a varios políticos de ese país con quienes hemos mantenido una estrecha relación durante años, en el Foro de São Paulo y en otras instancias. Destaqué la espléndida descripción que hizo la señora María Cristina Figueroa Ursi sobre la relación entre Uruguay y El Salvador y la cooperación que se puede establecer entre ambos.

Es un tema que he seguido y creo que están dadas «condiciones muy favorables facilitadas por las afinidades políticas que existen entre los partidos que respaldan a los gobiernos de El Salvador y Uruguay. Personalmente, he podido constatar el interés real que tienen los dirigentes de El Salvador de conocer la experiencia de gobierno de Uruguay».

|*| Senador de AU-FA.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje