DIARIO DE CAMPAÑA: MAS IZQUIERDA, DESDE LAS RAICES
El lunes 14 de junio, pese al tronar de las vuvuzelas que conmueve al mundo entero, y en estas mismas páginas, la senadora Constanza Moreira abría espacio a su habitual lucidez y claridad, en su nota «Las Ideas y los votos». Intentaré aquí tomar el rumbo que nos propone la senadora, el de la revisión y elaboración de ideas, con particular referencia al caso uruguayo.
El acceso al poder del FA no constituyó un cambio estructural ni la sustitución del modelo económico hasta ese entonces imperante. Nuestro primer gobierno, cuya evaluación es excelente para la amplia mayoría de los uruguayos, corrigió algunos serios defectos estructurales (supervisión y garantías sobre el sistema financiero, por ejemplo) y acompañó el modelo económico vigente de una fuerte dosis de sensibilidad social, expresamente manifiesta en políticas sociales fuertes. El gobierno de Tabaré generó inclusión, hizo actores a muchos que no se sabían ciudadanos. Esto es un muy destacable mérito, más cuando transcurrió entre los más agoreros vaticinios. Vaya si merece reconocerse.
Pero un análisis constructivo no puede caer ni el ditirambo ni en la autoflagelación. Y este proceso de cinco años signado por mayor inclusión, por promoción de ciudadanía, no modificó radicalmente y en algún aspecto hasta afirmó algunos pilares del modelo económico vigente. La reflexión serena, lejos de las euforias o enojos de las campañas electorales, tratando de mirar los rumbos a seguir, hace muy clara esta conclusión.
La variable más ignorada en política suele ser la más importante en la experiencia humana: el tiempo. Para el lustro pasado, personalmente habría deseado algún cambio un poco más audaz. Pero entiendo que globalmente fue, dentro del eterno conflicto entre lo deseable y lo posible, el equilibrio que se pudo alcanzar. Pero ahora pasaron cinco años. Ahora sí podemos y debemos plantearnos nuevos desafíos.
Este quinquenio debe profundizar y enraizar las políticas de izquierda en el Uruguay. Más izquierda desde el gobierno, más trabajo a conciencia en la base social y modificación de algunos de los pilares estructurales del modelo de sociedad vigente. Pues si la izquierda no cambia el status quo, el status quo cambia y se devora a la izquierda. Para mayor información, preguntar en Grecia y España…
Algunos puntos centrales que a nuestro juicio merecen revisión (y falta la educación, digna de varias notas enteras):
1. La apuesta a las grandes inversiones del mundo desarrollado como principal motor de la economía. Despreciar una fuerte inversión, respetuosa de la soberanía y del medio ambiente, que genere muchos y buenos empleos en el país, no es de izquierda, es de necios. Pero…¿cuántas de tales inversiones es posible esperar? ¿Qué grado de estabilidad pueden llegar a tener? Miremos USA, la Unión Europea, la península de Corea y el relevo gubernamental en Japón. No parece ser éste buen momento para apostar la ficha ganadora a la gran inversión extranjera.
2. La protección a la inversión extranjera ha tenido como expresión asociada el exhibirnos como un país «serio», adjetivo que molesto si los hay. Primero porque suena autodenigratorio: ¿Quien, tenga autoridad para hacerlo, puso en duda nuestra seriedad como país? ¿USA y sus helicópteros cazaciviles o sus «serios» controles al accionar de la petrolera BP? ¿Es ese el juez del certamen? ¿O es que acaso al reclamarnos una y otra vez serios pretendemos para nosotros el rol de «subdesarrollados, pero con corbata»? Pero además, me parece que desliza sutilmente la idea de que hay vecinos que no son serios. ¿Bolivia no es seria? La «seriedad» aparece riesgosamente confundida con «la gran inversión extranjera no se toca». Según esta asociación, naturalmente, Evo no sería «serio». Pero no veo nada más serio que remover algunas concesiones, permisos, licencias que fueron mal paridas, que son ilegítimas o que imponen leoninas condiciones, como hizo Evo. Lo único realmente serio son los pueblos, sus intereses y necesidades y los compromisos prgramáticos asumidos. Satisfacerlos en corbata, en aymará o con bombos peronistas de fondo, es mera anécdota.
3. Uniendo los puntos anteriores, es necesario multiplicar los micro y meso emprendimientos, diversificar la matriz productiva y apostar fuertemente a nuestra capacidad de trabajo. Pero también es racionalmente evidente que el mercado nacional es pequeño, que no da cabida a un suficiente volumen de producción. Por ello las alianzas regionales son indisociables de un modelo creíble de «País Productivo». Unasur es una excelente noticia. Los indisimulados frenos que le anteponen los sectores más conservadores ratifican que ese es un buen sendero. Pero intensificar aún mas los lazos con el ALBA como lo hace Brasil sin el menor complejo es una forma bien concreta de encontrar sinergias y compradores para nuestros productos y capacidades.
4. Indisociable de lo anterior es nuestra autovisualización como países tomadores de tecnología. Pretender que toda tecnología que utilicemos sea «Made in Uruguay» es quimérico, pero la búsqueda permanente de «soluciones de clase mundial», provistas «llave en mano» es un muy mal camino, que no debe continuar. Más de siete dolores de cabeza ha costado. Y significa negar las posibilidades nacionales- o con sinergias regionales de desarrollar (y por consiguientes controlar) nuevas tecnologías.
5. La concentración sempiterna de los medios masivos de comunicación en pocas familias no es propia del tan mentado país «serio», con o sin corbata. La desconcentración, el contralor efectivo, la exigencia de aportes económicos solidarios, la posibilidad de remoción de concesiones o permisos por incumplimiento, el aliento a la pluralidad, son indispensables para la vida democrática. Y los medios son la cancha donde se juega el vital partido de la continuidad de la construcción hegemónica o del surgimiento de una nítida construcción contrahegemónica y alternativa. Aunque la cancha rebose de vuvuzelas arteras, que intentan atontar con su ruido, de hacer de la tontería tema de toda una tarde, de administrar la información con dosificación muy medida, amplificando al paroxismo por aquí, acallando sin más vueltas por allá.
Entre tanto estruendo, bien saludable ha sido leer a la senadora y compañera Constanza Moreira.
Pero mucho más lo será que su inquietud repique y se recree en cada pueblo, en cada comité, en cada red social, en cada lugar donde nos juntemos a charlar o dialogar. Los que pensamos y sentimos que otro modelo es impostregable, los que nos caemos y levantamos para seguir luchando, los que no nacimos con un diario o canal de televisión bajo el brazo, los que festejamos los grandes logros encabezados por Tabaré pero queremos encolumnarnos tras Pepe rumbo a nuevos y más ambiciosos horizontes.
Y es así, entre todos, plurales y policromáticos, con o sin corbatas, que construiremos más izquierda, desde las mismísimas raíces.
|*| Analista y matemático.
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