Antecedentes
Las cosas locas expresión incorrecta pero gráfica son más antiguas que el agujero del mate. He hallado antecedentes que ayudarán, lector, a que ciertos hechos de hoy nos liberen del pasmo que nos han causado.
Al azar, busqué un ejemplo.
En las «Bacantes» de Eurípides se da testimonio irrefutable de la locura en épocas de la orgía dionisíaca.
Dionisos partió de Asia con un cortejo de ménades y llegó a Tebas. Se enteró allí, un verdadero bulín de la calle Ayacucho, que las tres hijas del rey Cadmo negaban a su hermana Semele haber sido amada por Zeus. Dionisos, ducho en estos menesteres, las enloqueció de inmediato. ¡Y vamo’arriba con el bolonqui! Las hijas del rey, junto a sus tías y el resto de las mujeres de Tebas se lanzaron a un destino ignoto, posiblemente una ruta lejana, y allí le dieron de punta sin prestar atención al clima ni al qué dirán a los ritos orgiásticos.
Pero Cadmo fue sucedido por Penteo, quien condenó las locuras de Dionisos y lo metió en la cárcel. Sin embargo, el gran beodo huyó como Martín Aquino y persuadió a Penteo, flor de nabo, para que espiase a las mujeres en esas orgías que acalambraban. Lamentablemente para su futuro, Penteo fue descubierto por las ménades y despedazado sin piedad; su propia madre, Agavé, mostró triunfal la cabeza del hijo. Hay una versión que dice que creyó, de tan boleada que estaba, haber matado a un león.
Obviamente, la historia sigue y su cántaro se llena de disparates más grandes que los cotidianos del boliche del Chiquito Otegui.
Volvamos al presente. Si Eurípides dio por cierto todo esto, ¿hay razón para asombrarse de lo que han hecho el gobierno y la Justicia de Argentina y los piqueteros entrerrianos hasta ahora?
La resolución de la asamblea de Gualeguaychú, en cita no textual, es descacharrante: levantamos por dos meses, vigilamos el monitoreo, metemos una demanda en La Haya y, según venga la mano, volvemos.
¡Qué cosa más loca! ¿Dionisos? Un poroto.
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