REDES CAPTURADAS
En primer lugar corresponde aclarar que el concepto «redes sociales» abarca a nuestro juicio no sólo a las flamantes redes virtuales nacidas en el ciberespacio y sus facilidades, sino también, y desde hace mucho tiempo en Uruguay, a la ejemplar y vastísima red de carne y hueso, para nada virtual, que desde tiempos remotos la sociedad ha construído tenaz y pacientemente: sindicatos, gremiales, cooperativas, mutualistas, clubes, comisiones de apoyo y de fomento y un largo cuanto riquísimo y variopinto etcétera que todo el mundo, con tal de ser uruguayo, conoce, disfruta, mantiene y construye.
Se ha dicho, y con verdad, que esa por suerte intrincada red social nos caracteriza como país y, lo que es más, ha explicado y explica muchos de los «¿Por qué?» y de los «¿Cómo?» que generalmente desde afuera se formulan.
¿Cómo fue posible la epopeya del «¡NO!» en 1980?; ¿Por qué el pueblo pudo soportar sin peores daños las crisis económicas y los peores avances del fascismo de Mercado?
Hay en Uruguay una red que vertebra la solidaridad y por ende, también, la conciencia. Muy anterior a las ONG. Y sin financiación extranjera.
Hacemos esta aclaración porque a las redes virtuales creadas por intermedio de ciertas herramientas informáticas se las denomina también «redes sociales». Es verdad que lo son pero no exclusivamente ni, menos, las principales. Hasta ahora.
Aclarado el punto, vamos a referirnos a estas últimas exclusivamente.
No importa detallar rigurosamente que en Uruguay y en el mundo estas redes datan de hace ya unos cuantos años.
A los efectos, importa que estallaron con toda su fuerza, mostrando la potencia a veces incontrastable de su influencia, en la última campaña electoral cuando ante el fracaso movilizador de las viejas estructuras orgánicas del Frente Amplio, e incluso pasando por encima de ellas y aún contra ellas, sacaron desde la Internet, enormes movilizaciones a la calle: el «ramblazo», el «banderazo», etcétera.
Desde esa deslumbrante realidad se improvisaron, como casi siempre «de apuro», esplendorosas teorías de visible rimbombancia y corto vuelo.
El irresistible atractivo de la moda con más la superficialidad, explica como siempre dichos fenómenos abruptos.
Es verdad sin embargo que la política tiene, ella también, horror al vacío. Ante la abdicación de la dirigencia o de los organismos de dirección, en el Uruguay siempre, y desde hace mucho, amanecerá la respuesta popular en el «modo» de tomar cartas en el asunto. O el asunto en sus manos.
También es verdad que la juventud y la militancia disponible, cuantiosa y general, del Frente Amplio, carece desde hace ya un tiempo de lugares, mecanismos y modos por donde poder no sólo expresarse sino protagonizar la tarea de construir su destino. Mucho peor pasa en los demás partidos.
Y ni hablar de que la inmensa ciudadanía simpatizante, adherida y votante, muy inteligente y politizada, está en ese aspecto no solo bajo la línea de la indigencia sino también marginada.
Y estos tres problemas deben resolverse. Están sin respuesta.
Riqueza inconmensurable, ganada en buena y muy sacrificada lid por quienes nos trajeron hasta aquí. Gigantes de la dirección pero, fundamentalmente, de la militancia.
Su obra es hoy de multitudes que quieren tomar las riendas de su futuro y, también, movilizarse para ello.
No sacamos por tanto «afuera de la cancha» la tarea de solventar estos problemas Nos apresuramos a declararlo para poder decir en paz lo que sigue.
Hace pocos días, realizaron elecciones en Colombia y, también gracias a los actuales y maravillosos sistemas de comunicación, pudimos ver y oír en vivo y en directo, el discurso del candidato ganador en esta «primera vuelta» (seguro ganador en la segunda).
Muy emocionado por las corpulentas cifras a su favor (el fracaso de las empresas encuestadoras en Colombia fué total), Santos se las agradeció a todo el mundo.
Comenzó dicha tarea por Dios para pasar seguidamente a su familia y terminando luego de un largo camino ya no recordamos en quién.
Lo importante para el tema de hoy es que en cierto momento agradeció encarecidamente a las ciento cincuenta personas que noche y día estuvieron por orden de la Agencia Publicitaria del caso (ya «agradecida por sus servicios»), operando en Internet…
La información emergente de dichas palabras no deja de ser espeluznante.
Aunque eso ya era cosa sabida y acostumbrada en otros países.
Es decir: los partidos políticos e incluso las Agencias de Publicidad infiltran las redes sociales con mucha más facilidad en el «mundo» virtual que en la cruda realidad y las manipulan subrepticia pero muy organiza y eficazmente.
Basta para ello con eficientes «call centers» que lo mismo venden jabón que candidatos, haciéndose pasar por internautas independientes y espontáneos política o socialmente puros y preocupados. La espontaneidad es muy fácil de simular.
Es más: muchos alegan que en el próximo futuro el peso de las campañas electorales irá derivando de la calle a Internet y que los mayores esfuerzos partidarios irán radicándose allí.
Facebook es ya universalmente utilizada por los políticos (y por las empresas).
Como lo son los espacios para «comentarios» de noticias y las llamadas telefónicas a las audiciones radiales que las permiten (en especial las más democráticas que no las filtran).
Eso que ya era percibible en Uruguay (y muy bien organizado por tirios y troyanos) parece que irá tomando tal volumen que hará, como tantas otras veces, que dichos espacios pasen a ser altamente sospechosos cuando no eminentemente tramposos.
De lo que no cabe duda es que los partidos políticos ya se van apoderando de él.
Hay quienes sostienen, y no sin fuertes argumentos tecnológicos, que pronto todo, absolutamente, irá a parar a Internet e incluso a la telefonía móvil: radio, diarios, televisión, etcétera. De ser eso así o siéndolo ya, las diversas organizaciones humanas, entre ellas los partidos, no van a dejar tamaña plaza pública vacía.
Eso en primer lugar. Pero en segundo lugar, o mirando la cosa desde otro punto de vista, podemos ver lo siguiente: se conocen partidos de cuadros, de cuadros y militantes, de militantes, de masas, y de opinión; más o menos centralizados, federales, en red e incluso en coordinación elemental de grupos autónomos. Casi todo se ha visto y se ve en la Viña del Señor.
Una red social virtual, incluso si no es manipulada ni infiltrada, no deja de ser un partido de nuevo tipo por más que sus adherentes no tengas esa intención.
Y nada impide que las nuevas tecnologías permitan el advenimiento de nuevas formas de organización partidaria.
Ya hemos podido ver cómo algunas de dichas redes terminan designando representantes, comisiones, coordinadores y, en suma, dirigentes… Esto es más viejo que el agujero del mate: Lenin (por no ir más atrás) proponía un periódico (Iskra) para eje de la organización del Partido. Apelaba a la mejor tecnología de su tiempo para superar la velocidad promedio que por aquel entonces seguía siendo de unos sesenta quilómetros por hora (la de un caballo en la recta final) salvo el caso de las palomas mensajeras.
|*| Escritor, senador de la República.
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