EL RETORNO DE LA ORTODOXIA ECONOMICA: EMPLEO VERSUS DEFICIT FISCAL

La década del 90 se caracterizó por el predominio del neoliberalismo, centrado en el Consenso de Washington. Los elementos centrales de dicha concepción se basaban en una mínima intervención del Estado. Se consideraba que el libre juego del mercado y el accionar del sector privado estaban en condiciones de resolver todos los problemas económicos y sociales. Para limitar la acción del Estado se planteaba la necesidad de privatizar las empresas públicas y del Estado, liberalizar los mercados comerciales y financieros y efectivizar desregulaciones. Algunos países avanzaron fuertemente en el proceso de privatizaciones. Se liberalizaron los mercados financieros para otorgarle libre movilidad a los movimientos de capitales, inclusive con fuertes desregulaciones que se ubican en una de las causas centrales de la crisis financiera de EEUU en el segundo semestre de 2008.

Se liberalizaron parcialmente los mercados comerciales, ya que los países desarrollados mantuvieron los subsidios a sus productos agrícolas, cuotas, contingentes, prohibiciones y picos arancelarios demostrativos de la inexistencia de la libertad de comercio. En las políticas de corto plazo se privilegió el objetivo antiinflacionario. La estabilidad de precios facilitaría la adecuada asignación de recursos por parte del mercado y el accionar del sector privado para asegurar la rentabilidad de sus inversiones. Las medidas para contener la inflación seguían recetas predeterminadas, especialmente en las políticas del FMI hacia los países del tercer mundo. La eliminación del déficit fiscal, a través de la contracción del gasto público, restrictivas políticas monetarias e inclusive uso de anclas cambiarias para enfrentar la inflación, fueron las medidas más conocidas en América Latina.

El FMI nunca pudo demostrar una relación directa entre el déficit fiscal y la inflación. En la actualidad los países desarrollados tienen muy elevados déficits fiscales que no han generado ningún tipo de procesos inflacionarios. Las políticas monetarias restrictivas suponen que la inflación tiene un origen monetario. En la realidad cada proceso inflacionario tiene sus propias causas. Ellas pueden derivar de los precios internacionales de determinados rubros, de factores de demanda interna, de costos, de expectativas de los agentes económicos, de la indexación de determinados rubros, de pujas por la distribución del ingreso entre ciertos actores sociales y así sucesivamente. Como la ortodoxia piensa exclusivamente en la inflación, siempre propone medidas para combatirla, exista o no inflación. Cuando no hay inflación plantean medidas por eventuales procesos inflacionarios o por la potencialidad de que puedan existir. Por ello siempre vemos subas en las tasas de interés de referencia o contracciones en los medios de pago.

En América del Sur se utilizó la política cambiaria con exclusivos fines antiinflacionarios provocando fuertes atrasos cambiarios. Se logró contener el proceso inflacionario pero en todos los casos culminaron con profundas crisis financieras: en Brasil en 1999, en Argentina en 2001 y en Uruguay en 2002. En general esas políticas de estabilización tienen consecuencias negativas sobre el dinamismo económico, afectan los niveles de empleo y generan retrocesos sociales al no contemplar las especificidades de cada situación.

La crisis financiera de 2008 en EEUU desnudó las carencias de esta concepción. Los mercados no cumplieron adecuadamente sus funciones y los procesos de liberalización y desregulación tuvieron que ser modificados. En el sistema financiero, en lugar de procesos de privatización se dieron procesos de estatizaciones parciales, junto a intervenciones estatales para aumentar regulaciones y controles sobre dichas actividades. Perdió fundamentos la premisa de que todo lo que hacía el sector privado era positivo y lo que hacía el Estado era negativo. Las consecuencias negativas sobre el dinamismo económico obligaron a los gobiernos al aumento del gasto público para sostener la demanda interna y enfrentar los aumentos del desempleo abierto. La política pasó a predominar sobre la economía. Los principios ortodoxos fueron sustituidos por otras concepciones, donde predominaban las ideas de economistas que habían obtenido premios Nobel, como Joseph Stiglitz y Paul Krugman. La contención de la inflación dejó de ser el objetivo prioritario. La preocupación central pasó a ser el tema del empleo. El aumento del gasto público para asegurar empleo originó muy elevados déficits fiscales en EEUU y en la Unión Europea. Las recetas del FMI desaparecieron. Los déficits no originaron inflación, pero generaron aumentos de deuda. Las consecuencias de ésta dependen de la fortaleza de cada país. El gran objetivo era la mejora del empleo.

En este segundo trimestre de 2010 volvió la ortodoxia económica a la Unión Europea. La crisis comienza en Grecia, con fuerte déficit fiscal, elevado endeudamiento y sin buena imagen internacional. Las ayudas llegaron tarde. Pudo concretarse una reestructuración de la deuda, pero posiblemente ello hubiera afectado a bancos privados de los países dominantes. Se prefirió un brutal ajuste en los gastos públicos que tendrá profundas repercusiones sobre el dinamismo económico, el empleo y la problemática social. Tendrá repercusiones negativas económicas, sociales y seguramente políticas. Se le obliga a España, en una situación mucho mejor que la de Grecia, a otro brutal ajuste económico con consecuencias económicas y sociales negativas. El resto de los países de la Unión Europea siguen el mismo camino. El tema del empleo desaparece bajo la égida de los gobiernos conservadores y dominantes de la Unión Europea. El objetivo prioritario pasa a ser el déficit fiscal para contemplar el accionar de los mercados financieros, y las calificadoras de riesgo, que tantos errores cometieron en la última crisis financiera. Vuelve a predominar lo financiero y los objetivos de los bancos privados. El régimen capitalista tendrá que encontrar salidas a estas situaciones críticas, para que no ocurran explosiones sociales y políticas.

Estas políticas económicas de corto plazo predominan en la mayoría de los gobiernos de América del Sur. No queremos inflación pero hay que analizar sus causas específicas. No queremos déficits fiscales exagerados pero sabemos que poco influyen sobre la inflación. Sí debemos cuidar que no haya excesos de deuda. Los objetivos primordiales del Banco Central no son solamente la estabilización de precios, sino también el crecimiento y el empleo. Por ello consideramos que es relevante el uso de la política cambiaria para la competitividad y no para enfrentar procesos inflacionarios de solamente un dígito. En estos días en Uruguay mejora el tipo de cambio real sobre la base de declaraciones del Ministerio de Economía. Es la primera vez que se hace durante el gobierno del FA. Antes no se hizo porque se quería usar la política cambiaria con fines exclusivamente antiinflacionarios. Error que combatimos durante largos períodos. Pero la ortodoxia está muy presente en la Europa actual, lo que tendrá consecuencias muy negativas sobre el empleo. Esperemos que no se expanda a nuestra región.

|*| Senador por la 609-FA,  economista

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