Así, no
Es una sensación de alivio, aunque, paradójicamente, esto suene a irrespetuosidad ante el dolor perpetuo de una familia que sufrió el peor de los desprendimientos y cuya vida cambió, para siempre, de manera abrupta.
Al fin, la Policía averiguó lo que debía y la justicia actuó de acuerdo a la ley y el homicidio de Natalia Martínez, en Maldonado, ocurrido hace tres interminables años, quedó aclarado.
No le es sencillo a uno, simple observador de la realidad, hurgar en circunstancias y en actos que impidieron que la solución del caso llegara antes, quizás hasta para impedir que el padre de Natalia, un terrible día de depresión, se suicidara tras cargar en su alma las mil y una versiones absurdas, estúpidas, irresponsables y mal intencionadas que se difundieron. A gritos, sin susurros.
Pero es necesario hacerlo.
Si se recorre paso a paso, con atención y mirada crítica, las múltiples actuaciones, en sus respectivos ámbitos, del Poder Judicial y del Ministerio del Interior, es imposible que el espíritu desdeñe la sanción moral y que las entrañas sean revueltas por una sensación que trae profunda tristeza, al advertir de qué modo tantas voces conjugaron, al unísono, el himno a la incapacidad.
Bastaría que un hábil editor pegase, siguiendo un criterio cronológico, las declaraciones de unos y otros jueces, fiscales, policías para que el fresco televisivo resultante hiciera las veces del castigo, como aquel que se mira al espejo y, por fin, un día, desde su mismidad, se reconoce en su brutal imperfección.
¿El ministro Bonomi? Sé de su compromiso y tenacidad para que los servicios policiales de inteligencia, prevención y técnicos sean, sencillamente, dignos de una ciudadanía cuya integridad deben preservar. ¡Menuda tarea le aguarda!
¿El Poder Judicial? Hay que decir de cuánta formación carecen sus funcionarios principales. Además, qué falta hace un nuevo Código Penal, proyecto aplastado en discusiones y demoras esquizofrénicas.
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