Memento
No está mal escrito el título ni al corrector se le escapó la coneja.
Hacer uno sus mementos significa, en la acepción que hoy quiero aplicar, «detenerse a discurrir con particular atención y estudio lo que le importa».
A veces es sencillamente acordarse. Cuando me enteré que la oposición había peleado a colmilladas con la mayoría por unas bancas en el Parlamento del Mercosur, sentí un vacío mental.
Detuve las tareas y me dispuse a hacer mis mementos.
Al poco rato, ¡éxito!, me acordé.
Sin embargo, el recuerdo preciso, me angustió. ¿Es posible que aún haya políticos, vitales y de inteligencia desarrollada, que pierden la memoria? Los hechos parecen dar fe.
Cuando se propuso ese nuevo ámbito regional, la creación de cuya sigla, Parlasur, ha de haber costado un esfuerzo intelectual extraordinario, los principales dirigentes de los partidos tradicionales, con el doctor Lacalle a la cabeza, no ahorraron descalificaciones; para simplificarlas con humor, uno diría que aquella idea era más inútil que agregar maquillaje a las patas de gallo de la Legrand.
Es verdad que cuando igualmente hubo parto, varios de esos dirigentes, en una contorsión vestida de simpática a la que se le traslució el calzoncillo del cinismo, hicieron una conmovedora admisión: «Bueno, si está, participemos».
Pero también es cierto que fueron expresiones aisladas de aquellos dicho sin la malicia que me tienta que hacen guiños a cargos y viajes, de lo que sea y adónde sea.
Ahora bien, el salto desde aquel rechazo enfervorizado, y obviando la renquera de los oportunistas, hasta esta disputa loca por la cantidad de bancas para unos y otros hay una distancia sideral.
Antes que estalle la aorta de quienes imagino, aclaro: no es cuestión de renunciar a derechos legítimos y está muy bien exigir su respeto.
Lo que molesta es otra cosa. ¿No servirá a blancos y colorados, juntos o por separado, hacer sus mementos en honor a lo que contaremos a nuestros nietos?
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