TURQUIA
El pasado jueves 22 de abril, en esta contratapa y bajo el título «Mundo Movedizo» intentamos encarar la realidad de muy importantes cambios geopolíticos globales.
El fundamental: el mundo unipolar nacido luego de la caída del Muro de Berlín hace apenas veinte años llegó por estos días a su fin.
Como así también la «organización» del mundo surgida de la II Guerra Mundial.
Ahora estamos asistiendo en primer lugar a una geopolítica cambiante (movediza) pautada por la multipolaridad que aún no ha encontrado alineamientos definidos pero los tantea y busca continuamente.
En tal contexto de la columna citada dijimos entre otras cosas:
«Turquía, pieza clave si las hay en el ajedrez geopolítico abandona como un barco pesado, lenta pero imparablemente, su vieja alineación con «Occidente» derivando como por un lejano mandato de su Historia, hacia «Oriente». Eso entre otras cosas implica que se aleja (ya) de Israel…»
Por ese entonces, Turquía había negado el uso de su cielo para el entrenamiento de pilotos israelíes (como se venía haciendo). Y firmaba acuerdos militares de mucha importancia con Chile y con Brasil.
Hace pocos días el mundo supo que Brasil, Irán y Turquía alcanzaron un acuerdo sobre el uranio enriquecido de Irán tendiente, se alegó, a descomprimir la tensión existente al respecto en la zona, desatar un nudo de relieve internacional, y dar un paso enérgico hacia la paz.
Entonces Estados Unidos en medio de un papelón vergonzoso a manos de Brasil y Turquía, dejó en evidencia las discrepancias existentes dentro de su propio Gobierno (entre Hillary Clinton y Obama) en torno al acuerdo de marras.
No debemos olvidar que Brasil tuvo y tiene problemas con los Estados Unidos por el mismo «asunto» (enriquecimiento de uranio para uso pacífico de la energía nuclear) y proclama una posición tajante acerca del Tratado de No Proliferación (que firmó): no admite nuevas limitaciones a ese uso mientras las potencias que poseen armas nucleares no se desarmen de ellas dando cumplimiento a lo que dicho Tratado manda. Que por ende, además de querer manejar a su libre albedrío esa tecnología se apresta a construir nuevas plantas nucleares de generación eléctrica y a dotar de esa energía mediante un reactor de construcción propia, a un submarino. Todo ello con la ayuda de Francia. País con el cual ha firmado un importantísimo acuerdo militar sin precedentes del que ese y otros submarinos convencionales son apenas una parte.
Hace pocas horas se produjo el cruento ataque de Israel contra un convoy de naves turcas en aguas internacionales recreando una grandísima tensión en la zona y convocando unánime repudio mundial.
Es por todo lo dicho que tememos (ojalá equivocadamente) que dicho ataque no fue un accidente, ni una imprudencia, ni un exceso.
Todo parece indicar que fue algo mucho más peligroso. Y en ese caso quiera Dios que la sensatez prospere evitando una escalada de consecuencias gravísimas para todos.
Hay un telón de fondo inevitable para todo esto: la crisis económica y financiera global.
No se puede analizar lo anterior sin esta escenografía contextual.
El día de nuestras elecciones municipales (domingo 9 de mayo) se produjo un hecho crucial: los principales 16 países de la Unión Europea le impusieron a todos los demás (en total 27) un Decreto inapelable al estilo de «lo tomas o lo dejas»: tijeretazo inclemente sobre los gastos públicos de cada país asociado con abultado déficit fiscal, decidida apuesta al Euro, deudas de todos afrontadas en común y medios comunes para enfrentar la crisis global que suponen no acabada y de recrudecimiento inminente. Como respaldo, la friolera de 750.000 millones de Euros (un millón de millones de dólares) en un Fondo al que ya muchos van llamando «Fondo Monetario Europeo» que, entre otros efectos, deja al viejo Fondo Monetario Internacional nada menos que sin el 50% de los aportes que venía recibiendo.
Varias «Instituciones» provenientes de la II Guerra Mundial y sus consecuencias fueron demolidas el 9 de mayo.
«Occidente» ya no será lo mismo si es que sigue existiendo más acá de la Historia.
Europa tomó riendas con mano dura de su destino y se aisló no del mundo sino de las consecuencias del mundo en crisis.
El Reino Unido que como siempre no aceptó lo anterior se suicidó ya que, al borde de su crisis propia, ha quedado sin balsa a mano en medio de un muy posible naufragio (o por lo menos temporal).
Europa se «abroqueló» aislándose (¿Independizándose?) también y principalmente de su viejo socio Estados Unidos del que teme no sin razón un agravamiento a corto plazo de su crisis tampoco terminada.
Estamos ante una quebradura que traerá consecuencias terráqueas.
Forma parte de ese nuevo designio europeo, su expansión hacia el este tal vez de consuno con Rusia. La Rusia que hoy dispone de mucho dinero en efectivo buscando nido para multiplicarse.
Según se dice, una de sus aplicaciones mancomunadas será la plena y moderna explotación de un agro relativamente atrasado en aquellos vastos confines del este europeo. Buscando también por ese lado mayores niveles de independencia.
Esta última no es buena noticia para Uruguay ya que de implementarse lo que se pronostica, sufriremos tarde o temprano, con mayor o menor fuerza, pero sufriremos, el impacto sobre precios y mercados de esa potencia agraria despertada.
|*| Escritor, senador de la República
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