ALERTA TEMPRANA
El Sr. Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca anunció en estos días que debido al fenómeno climático de «La Niña», la mayoría de las predicciones meteorológicas advierten una sequía a partir de la próxima primavera.
Esta muy bien el alerta temprano al respecto. Incluso lo está si dichas predicciones se equivocan y ojalá que se equivoquen porque una sequía daría efectos negativos no sólo sobre nuestro agro sino también sobre nuestra generación hidraúlica de energía eléctrica (como siempre)…
Guardar forraje y de ser posible agua, desde ahora, son algunas de las medidas a tomar luego del aviso.
Siguiendo por esa línea a nuestro juicio correcta vamos a tomarnos el atrevimiento de postular una alerta más temprana todavía. Para ello debemos dar algunas explicaciones.
Creemos que la Unión Europea por un lado y Rusia por el otro han decidido despertar de consuno la potencia agraria del conjunto de países sitos detrás de la antiguamente llamada Cortina de Hierro. ..Hacia el Este.
El despertar de esa potencia yacente busca no sólo el autoabastecimiento de tan vastas extensiones sino que trae consigo, además, una fuerte vocación exportadora.
Rusia debe ser hoy el lugar concreto de la Tierra donde hay más capital contante y sonante en busca de oportunidades. Ha sido en estos últimos años la «batería» de acumulación de capital líquido más grande del mundo.
Y ello tiene una explicación no demasiado complicada: la más grande privatización de los últimos tiempos se perpetró allí.
Al principio las acciones de las antiguas empresas del Estado fueron repartidas entre sus trabajadores buscando de ese modo la creación de un capitalismo popular. Bastaron algunos años para que todas ellas, debidamente compradas, fueran a parar en las cajas fuertes de la vieja burocracia dominante devenida en poco tiempo en la porción que contiene los más grandes millonarios del planeta.
Desalojaron en los «rankings» capitalistas a los magnates estadounidenses, europeos, asiáticos…
Hace poco hubo de pararse mediante drásticos decretos la compra de la Costa Azul de Francia por parte de estos nuevos ricos que, como es forzoso, generaron una oleada de nuevos pobres en sus respectivos países, especialmente en Rusia.
Ahora sus nietitos toman la mamadera en las tibias, exclusivas y blancas playas del Mediterráneo y el Caribe.
Pero ahítos de hoteles, casinos y playas, con mucha plata en los bolsillos, y mucha más llegando a toda velocidad, buscan lugares en los que ponerlas para multiplicarla.
Porque a no olvidar que hoy Rusia es un país con enormes reservas petroleras y de gas sin contar otros materiales estratégicos.
De modo pues que ante la demanda de alimentos que no ceja a pesar de las crisis globales; que no ceja por el crecimiento de la población mundial pero también por el de la economía de países llamados emergentes y muy poblados: Brasil, China, India, Vietnam, Corea del Sur, etcétera, tanto la Unión Europea como Rusia, en mancomunión han decidido según datos que se deben corroborar y analizar por parte de los especialistas, explotar al máximo la atrasada agricultura de aquéllas feraces y extensas campiñas tanto para autoabastecerse como para salir al mundo impactando en los precios y en los mercados.
Justamente en el hígado de nuestra economía.
De ser ello así debería ser una tarea prioritaria de la información y de la inteligencia uruguaya deberíamos construir una gama de medidas urgentes para que puedan operar con bien sobre esa nueva realidad en caso de producirse a pocos años.
Adelantando conclusiones parece obvia la necesidad de un gran esfuerzo en el rubro educación que nos permita agregar valor a nuestras actividades de todo tipo, diversificar nuestra «matriz productiva» y salir al mundo enérgicamente sin desmedro de otras medidas.
La primera de estas tres es obvia y la segunda también.
Pero la tercera muestra hoy una cruel realidad que configura para Uruguay otro de sus talones de Aquiles (la energía es uno de ellos).
Ni la burguesía uruguaya (o como quiera llamársela) ni su Servicio Exterior han cumplido ese rol estratégico.
Damiani ya lo decía:» en Uruguay no hay ricos: hay riquitos».
Es muy raro ver, diríamos exhótico, a un burgués uruguayo un poco más allá de Punta del Este. No ven mucho más allá de sus narices aunque como decía Stendhal, «de su sus narices para acá ven mejor que nadie».
En especial, por ejemplo, los pasillos ministeriales, tanto a nivel nacional como municipal.
Por ende, y a falta de esa clase nada menos que en un mundo capitalista (por lo menos clase que viaje no sólo a Disney Word), resulta imperioso dar un grito de alarma que convoque tanto al Estado como a la población en general, en primer lugar a mirar el mapamundi y en segundo, a darnos cuenta de que existe realmente.
Uruguay es un riquísimo país de poca población y envidiable radicación estratégica. Produce y puede producir muchísimo más de lo que puede consumir: es por tanto, o debería serlo, una gran empresa exportadora.
Al paso que vamos (y que venimos trayendo desde hace décadas), iremos quedando fatalmente como uno de esos pueblitos casi abandonados al borde de la vía de un ferrocarril que hace mucho ya ni pasa. Como MansaVillagra por ejemplo.
Pero con una diferencia: según me contó un amigo, antes de venirse a Montevideo por Mansavillagra pasaba un tren por día y eso era la oportunidad de irse a la Estación, conseguir novia y ver pasar el tren como pedrada. Después: ni eso.
|*| Escritor, senador de la República.
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