Cuellos torcidos
Hubo una técnica interesantísima, hace años, que se abandonó por ese imbécil impulso de olvidar lo reciente, por bueno que sea, para instaurar aquello que se supone ha sido descubierto recién.
Era una serie de ejercicios inventados por el ruso Alexander, inspirados en técnicas budistas, para enseñarles a los niños la postura adecuada del cuerpo y, sobre todo, la relación entre el cuello y el tronco que permite el mejor funcionamiento posible del organismo psicofísico.
Se ayudaba así a caminar y a moverse correctamente y se estimulaba el desarrollo intelectual.
Es una pena que los dirigentes del PITCNT no hayan conocido esa técnica.
Tal vez por no haberla practicado de pequeños hoy parecen tener el cuello torcido. Si así fuera, habría que decir que es la causa de que piensen de a ratos, piensen mal o, simplemente, no piensen.
¿Cómo explicar, de otro modo, su decisión de hacerle el primer paro general parcial a este gobierno, el 10 de junio, para textual «marcar la cancha»?
¿Cómo explicar, de otro modo, que ese paro se haya programado al momento de la convocatoria del Consejo Superior Tripartito de Salarios?
¿Cómo explicar, de otro modo, que ignoren el anuncio del Ministerio de Trabajo de dar a conocer, la semana entrante, toda la información económica disponible por el Estado para el comienzo de las negociaciones?
¿Qué cancha quieren marcar? ¿La del club Guruyú?
Uno se siente tentado a conjeturar que tales estrategias, verdaderas antiguallas, chatas, burocráticas, nacen del aburrimiento. Estas gentes se reúnen, se miran las caras y, como aquel viejo guarda de ómnibus del siglo pasado, instintivamente tiran de la piolita y paran.
Bueno, seamos compasivos. Con el cuello torcido durante años, la columna vertebral desacomodada y un caminar incómodo es virtualmente imposible que siquiera rocen, de pasada, como en un baile de campaña, a la gorda en chancletas que quieren sacar a bailar.
Perdón, al sentido común.
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