Petróleo
¿Quién, al fin, buscará indicios de petróleo en nuestra plataforma marítima?
En un momento, que parece ya tan lejano, explotó, cual carnaval anticipado, la certeza de que sería la Venezuela del riente Chávez, convertido por entonces en un Papá Noel de bolsa llena y promesas abundantes, blandas, sin batuta pero corales.
Luego hubo un llamado a compañías internacionales interesadas en los estudios y las prospecciones, acto que, en su presunto camino a la concreción, ha exhibido más pozos que la ruta 87.
Y ¡horror! hasta apareció por ahí el caricaturesco rostro de Kirchner, quien rápidamente se fue de escena, olfateando otros intereses cercanos y conocidos como la soja y las fábricas de celulosa, y regresó tras los oscuros y rígidos telones con que tapa sus ambiciones frecuentemente excesivas.
Ahora nos subimos al estribo de Brasil, parafraseando a Mujica, ya que Lula anticipó el interés de su país, con una avidez tal vez inesperada sólo para un inadvertido, en saber si Uruguay tiene o no petróleo que extraer.
Pero ¿qué importancia tiene quién lo haga, siendo que nosotros, por propios medios, no podemos?
Simple. Petróleo es poder. En la hipótesis de que existan yacimientos, quién y en qué condiciones lo detecte, lo extraiga y lo explote puede ser un socio encantador, solidario y sensato o uno ávido, ventajero y avasallante.
Cualquiera entiende la diferencia y todo lo que implica.
Se me hace que estamos tan preocupados por la cuestión de la energía, y sobre todo por hallar alternativas al petróleo y a la generación hidráulica, que se ha descuidado un poco la estrategia en este campo.
Atentos. Porque si alguien fuerte, con ínfulas imperialistas, nos saca ventajas, no se le podrá contestar como el gaucho del cuento de Wimpi. Uno, que observaba al perro del otro dando vueltas y vueltas en torno al terreno, le dice:
-Cuanto usté medio se me descuide, el perro le v’a gastar el campo.
-No se preocupe, que abajo d’ese tengo otro…
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