El milagro
Yo sé que Kirchner tiene la nariz ganchuda, la mirada dicotómica y ese raro andar de topadora. Sé que hay información acerca de actividades suyas, a las que calificar de sospechosas suena compasivo. E intuyo, con una íntima convicción, que maneja al modo de un genio la hipocresía y el cinismo, bofetadas que, en abundancia, nos tiró a la cara a lo largo del conflicto por Botnia.
Lo que no sabía, y al enterarme he caído de culo, es que tiene la capacidad de hacer milagros.
Por ejemplo, crear un intríngulis continental por su candidatura a la Secretaría General de la Unasur, que Argentina está usando, además, como parte de su estrategia con Uruguay.
¿Por qué es un milagro? Ocurre que la Unasur, jurídicamente, aún no existe. No tiene sede, aunque se ha sugerido que sea en Quito, no tiene recursos económicos y no tiene organización ni planes.
De los doce países que deben ratificar el tratado sólo lo han hecho cuatro y entre ellos no están Brasil, Uruguay, Colombia, Perú, Paraguay y otros. Peor aún, ni siquiera figura Argentina, cuyo Congreso no camina, por lo que se advierte, a la marcha que pretende el marido de Cristinita.
A veces se parlotea con tanta fruición de una cosa, que hasta uno, supuesto profesional de la comunicación, cae en la trampa de dar por sentado aquello que, en realidad, sólo es una entelequia, un simpático diseño primario o una buena intención.
Pero, claro, estas aguas igual traen lodos, dicho así por dibujar mi reflexión con lo menos original que se me pudo ocurrir.
Vea, lector, qué aspecto interesante: si la creación formal de la Unasur demora unos meses hará aparecer, como en un acto de magia, a otro candidato capaz de ganarle la cuereada a Kirchner, haga lo que haga nuestro país. Obviamente me refiero a Lula, que entonces, ya libre de la responsabilidad de ser presidente de Brasil, podrá ser postulado sin inconvenientes.
Y si se presenta, gana. No hay duda. Como El Pulpo montando a Lunático.
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