Ideas
Es magnífica, sorprendente la capacidad del presidente Mujica de generar ideas revulsivas que conmueven al cuerpo social.
No está claro, o yo no lo advierto, si esas ideas son espontáneas, como los eructos de Ruedita cuando ha tomado, con ansiedad patológica, su primera caña doble con repollo violeta, o si han sido consultadas y tamizadas tal cual se debe.
Está clara, en cambio, la estrategia. Es esencialmente verbal.
El camino de esas ideas hacia el conocimiento público es la palabra del propio Mujica en su audición radial, en un acto cualquiera o saliendo de la chacra.
Hay un riesgo: que ciertas ideas, intrínsecamente complejas, sean expresadas de modo que recuerde al laberinto que atravesaba Diana, la cazadora, disparando el arco a lo bestia.
El presidente ha sugerido ahora la posibilidad de usar reservas del Banco Central para financiar obras necesarias, caso de la renovación de AFE y la construcción de escuelas de tiempo completo. ¿Quién no compartiría, sin ser visto igual a un apátrida resentido, semejantes objetivos?
Pero no es cosa de compartir el fin del camino, sino de entender, para hacer un juicio propio responsable, de qué manera se llega hasta ahí y con qué consecuencias. El propio presidente dijo que es una cuestión complicada, que hay que estudiarla y que no se puede comprometer la situación del Banco Central, fiel de la balanza para el equilibrio de la economía nacional.
A un ciudadano cualquiera, sin todos los datos, le quedan dos reacciones posibles: el entusiasmo militante y no crítico o una empañada, arenosa confusión acerca de qué diablos implica todo esto.
Salvo, claro, que fuese el inefable Ruedita: -La reserv’ay qu’usarla pa’ descartá’ lo’ patadura’.
Tal vez sería bueno seguir echando leña al horno de las ideas y reducir la enunciación,
tan caudalosa y heterogénea y por más democrática que parezca, hasta que el croché esté tejido y la gente comprenda qué se va a hacer, por qué y a qué precio.
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