LOS ACUERDOS POLITICOS

Diversos estudios muestran que la sociedad uruguaya es la más profundamente democrática en América Latina. Es la que más acepta los principios democráticos. La democracia política del Uruguay es de las más avanzadas. Ella incluye la democracia electoral (sufragio universal y secreto, pluripartidismo y alternancia de los partidos en el poder político), las libertades básicas, el estado de derecho, la garantía de los derechos humanos y la independencia del Poder Judicial. Este es el corazón de la democracia. La democracia política tiene una ética de igualdad entre los ciudadanos pero no asegura las igualdades básicas de etnia, de género ni las económico-sociales. Por ello es necesario, manteniendo la democracia política, alcanzar la democracia económica y social, o sea llegar al desarrollo que también contiene elementos de igualdad y de equidad. La democracia política significa resolver los conflictos por vías pacíficas, mediante el diálogo, la negociación y los acuerdos que son instrumentos inherentes a la democracia. Los discursos y declaraciones de Mujica apuntan permanentemente a estas vías pacíficas. Como lo expresáramos en una columna anterior, al mejor estilo Mandela, busca formas de reencuentro y básicamente de unidad nacional. Por ello la búsqueda de acuerdos políticos, de políticas de Estado en diversas áreas. Pero en las sociedades capitalistas surgen conflictos en los más diversos ámbitos de la vida social y política. La democracia política impone el respeto y la tolerancia al otro, el de otros valores, culturas, ideologías y religiones. La diversidad ideológica es natural e implica la existencia del pluripartidismo. La coyuntura debería marcar cambios ideológicos. Después de la reciente crisis financiera internacional ya no se deberían plantear procesos de privatizaciones ni mínimas intervenciones del Estado. Es evidente que el mercado y el sector privado han demostrado que no están en condiciones de resolver los problemas económico-sociales. Sin embargo, la derecha insiste sobre algunos temas como el papel del gasto público. Para la derecha ideológica, que sigue pensando en una mínima intervención del Estado, hay que contraer y descender el gasto público, para que no haya déficit fiscal que podría originar inflación. En esencia, desean bajar el gasto público para rebajar impuestos y darle más beneficios al sector privado, que junto al libre juego del mercado, estaría en condiciones de resolver los distintos problemas económico-sociales. Para nosotros el gasto público juega un papel central en el dinamismo de la demanda interna, en la atención de los problemas sociales y, por lo tanto, es vital para la distribución del ingreso. Como lo han demostrado las políticas de los países desarrollados la intervención y regulación del Estado resulta necesaria para atender los problemas centrales de la crisis económica, como por ejemplo el tema del empleo. Además, las causas de la inflación pueden ser diversas y dependen de la coyuntura en cada país. No son válidas las recetas que sostienen que la inflación se origina por el déficit fiscal. Por estas diferencias ideológicas es muy difícil alcanzar acuerdos y políticas de Estado en estos temas.

Las normas electorales tienen que ser fruto de los más amplios acuerdos políticos. Por ello, sabiamente, la Constitución les fija la mayoría de dos tercios para su aprobación. No hay dudas que históricamente los partidos tradicionales han utilizado sus acuerdos para lograr beneficios electorales. Un buen ejemplo, es la creación de la segunda vuelta o balotaje para la elección presidencial, con el objetivo de debilitar las posibilidades de triunfo del FA. El inicio de la nueva legislatura mostró un panorama positivo para el logro de nuevos acuerdos. A solicitud del Partido Nacional, se logró un acuerdo y se votó por unanimidad en ambas cámaras, una ley que define cuáles serán los municipios en las próximas elecciones departamentales. Era un problema de forma, que fueran determinados por ley. Pero lo relevante era el ambiente de acuerdo, de concordia, de aceptación de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, de votar en forma unánime aunque existieran diferencias de fondo en la oportunidad y en la propia legalidad. Fue un muy buen comienzo del nuevo período legislativo, cuando en el Senado también se aprobó por unanimidad la ley de trazabilidad del ganado bovino.

Actualmente se analizan acuerdos para los cargos de confianza del Poder Legislativo y para la integración de los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados. Importa destacar que el FA tiene los votos suficientes para dichos nombramientos. Pero la democracia política tiene otro principio básico que es el gobierno de las mayorías y el control de las minorías. Esto, que hoy funciona para el ámbito parlamentario, es indispensable que también exista en el conjunto de estos organismos. De esta forma la oposición, que lógicamente es la minoría, puede efectuar los controles correspondientes e inclusive aportar ideas para enriquecer la función de gobierno de estas instituciones. Se espera que en este mes de marzo se puedan concretar los acuerdos necesarios y no se repitan los acontecimientos y diferencias del período anterior. Estos acuerdos deberían facilitar la nueva integración de la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas que requieren mayoría de dos tercios. Lograrlo rápidamente marcará el grado de relacionamiento constructivo y positivo entre gobierno y oposición, que Hillary Clinton denominaba como modelo no sólo para la región sino de carácter mundial.

Las diferencias ideológicas existen. Lo importante es buscar las coincidencias y poder avanzar en políticas de Estado donde ello sea factible. En todos los partidos existen sectores con desconfianzas mutuas y en todos los partidos existen posiciones que desean marcar permanentemente las diferencias y los conflictos. En estos días se planteó en el Senado, por parte de la oposición, la presencia del ministro de Economía y Finanzas para informar sobre la situación económica y financiera del país, en régimen de Comisión General. Es como una especie de picardía política, de necesidad de protagonismo por parte de sectores de la oposición. Pero también se votó por unanimidad. La oposición va a seguir planteando una dura crítica al régimen cubano, lo que volverá a marcar las dificultades de alcanzar acuerdos y políticas de Estado en política internacional, un tema central para un país pequeño. Seguramente habrá otros temas de conflicto planteados por la oposición, pero estamos, con José Mujica a la cabeza, los que hacemos esfuerzos por encontrar mutuas confianzas, por buscar acuerdos sin afectar principios básicos porque lo consideramos esencial para el futuro del Uruguay y para seguir consolidando la democracia.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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