¿Querés gas?
Mujica anda dándole a la pata a punto de fermentación, conversando, negociando, proponiendo. Está como loco este muchacho.
Lo bien que hace.
¡Presentemos al nuevo país y tejamos a su alrededor alianzas, compromisos, estrategias imprescindibles al objetivo del venturoso porvenir imaginado!
Claro, con tanto zangoloteo Mujica pide gas a gritos, dicho respetuosamente y de modo metafórico, y que le llenen el tanque a la velocidad con que Epifanio chupa caña con butifarra pisada.
Complejo, lo del gas. Para Uruguay es tan vital como para el Chiquito Otegui cobrarle a Ruedita, que le debe desde hace un año. Pero el Presidente supo adónde ir, con quién hablar y qué decir. Allá, en la Bolivia profunda, quizás bajo un toldo con un cerro blancuzco a la vista que se iba engullendo el sol de la tardecita, acordó las cosas con su amigo Evo. A los bolivianos les sobra y quieren vendérselo a Uruguay a un precio que no haga arrugar la cara a nadie.
Pero hay un problema.
No existe forma, salvo que el fluido viajase en camiones llenos de sandías huecas y selladas, que mandar el gas por cañerías a lo largo de miles de kilómetros y atravesando otros territorios.
En semejante escenario, aparece Argentina. Hace falta su beneplácito para que el gasoducto pase por su espacio soberano y llegue hasta aquí.
¿Cuál es el problema?, podría preguntar un ciudadano menos suspicaz o más ingenuo que yo.
Los Kirchner. Los dos, porque todo lo hacen juntos aunque a veces no parezca.
¿Qué pedirán a cambio? Si algo los caracteriza es jamás haber movido un dedo sin recibir una compensación, un regalito, una gentileza.
Es inquietante. Supongo que Mujica lo tiene claro y confía en su innegable poder de convencimiento. Sin embargo, va a costar convencerme de que el gas boliviano, si pasa por Argentina, vendrá sin IVA.
¿Cuál? Ah, no sé. Tal vez la presidencia de la Unasur para el hombre de nariz de medalla y mirada dicotómica. Esa que Tabaré pateó a la tribuna.
Compartí tu opinión con toda la comunidad