DIARIO DE CAMPAÑA: LOS IMPRESCINDIBLES
Como aficionado al teatro, en mi adolescencia tomé contacto con el rico mundo de Berthold Brecht. Me interesó mucho su obra, su teatro como estímulo a la toma de conciencia y a la transformación social, su tonalidad épica y su recurso del distanciamiento para potenciar el mensaje. Pero además, para toda mi generación, más allá de Galileo Galilei y Madre Coraje, Brecht fue una presencia indeleble. Una las causas de ello fue que Silvio Rodíguez lo citara en la introducción de «Sueño con serpientes». En la voz dulce, serena e indisimulablemente cubana de Silvio, la frase de Brecht «Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, otros luchan muchos años y son aún mejores, pero están los que luchan toda la vida y esos son los imprescindibles» adquirió el carácter de signo de identidad, hito cultural que comparte toda una generación.
El jueves 11 de marzo falleció el Dr. Gonzalo Aiello, médico, internista y neumólogo, destacado docente universitario de la Facultad de Medicina, y militante gremial de dilatada e intensa trayectoria. ADUR es la Asociación de Docentes de la Universidad de la República, gremio afiliado al PIT-CNT y que constituye uno de los pilares de la vida universitaria. ADUR es mi gremio, desde hace unos 22 años, aproximadamente. Gonzalo Aiello es (no hay error al utilizar el tiempo presente) mi compañero de ADUR, donde desempeñó las mayores responsabilidades. En actividades de ADUR conocí a Gonzalo Aiello. Hombre alto, corpulento, de voz firme y ojos claros de mirada profunda. Ese aspecto que a priori podría sugerir dureza, era la fachada de un compañero afable, querible, sereno, fraternal, que sabía ser firme sin jamás dejar de ser unitario y, sobre todo, humano. Pero más que nada era, en la categorización de Brecht, un luchador de toda la vida y por ende, un imprescindible.
El lector puede pensar que estoy escribiendo un obituario. Nada de eso. Se trata, como siempre en la vida, de tornar cada hecho, así sea de dolor profundo, en impulso para la construcción comunitaria, de un futuro más libre, justo y solidario. Entre otras cosas porque así lo exigiría cualquiera de nuestros queridos imprescindibles, como Gonzalo. «No me lloren, luchen, construyan, no aflojen». Seguramente ese sería el mensaje de los imprescindibles. Porque, querido lector, no son pocos los imprescindibles. Todo gremio o sindicato tiene más de uno. Algunos llegan a ser conocidos por toda la sociedad, como el Pepe D’Elía, por citar un ejemplo harto evidente. Otros son conocidos por sus compañeros y despliegan su tarea militante de manera perseverante y silenciosa. Y se merecen una inmensa admiración, pues representan, para mi gusto, la convicción más pura y profunda, y el más completo desapego de las mieles de los reconocimientos personales.
El sindicalismo uruguayo, con todo respeto, no es el de las 62 organizaciones de la vecina orilla. «El poder sindical» en el Uruguay, nuevo fantasma que azuza la derecha, es en realidad, desde 2005 hasta ahora, el reconocimiento al rol vital que cumplen los sindicatos para garantizar reglas laborales y gestiones empresariales transparentes. Los sindicatos fuertes son propios de los países serios, donde no se trabaja en condiciones inhumanas ni por remuneraciones de explotación abusiva. Los sindicatos fuertes son esenciales de un país digno, que se respeta a sí mismo y por ende, no acepta cualquier cosa a cualquier precio.
¿Son perfectos los sindicatos uruguayos? No, claro que no. ¿Ya está todo hecho en materia de derechos laborales y ya puede darse el PIT-CNT por satisfecho con lo alcanzado? Absolutamente no, como es evidente. Queda mucho más camino por recorrer que todo lo recorrido hasta ahora. Pero si el horizonte una sociedad sin explotados ni explotadores siempre debe estar a la vista, la dirección de los pasos concretos de cada instante de la interminable lucha es la más relevante decisión a tomar en cada momento. Tras un proceso de desmovilización social muy fuerte, en el que muchos ciudadanos se vieron empujados a pensar que sacrificar horas al trabajo gremial o sindical era «perder tiempo», que más convenía «hacer la tuya», desde el 2005 los trabajadores han conquistado una posición mucho más relevante en el escenario político y en la determinación de las reglas laborales del juego. En términos generales, estamos viviendo un período de revitalización y potenciación de lo colectivo y comunitario, y de los gremios y sindicatos en particular, ya sea a nivel de la ampliación de la base de afiliados, como del crecimiento de su capacidad de elaboración y aporte a la discusión política. Alcanzando la estatura que, insisto, le corresponde a todo país serio e institucionalmente. sano.
¿Cómo fue posible llegar a este reverdecer tras esos duros momentos en que era tan difícil encontrar quien asumiera, con escasa compañía, el inmenso peso de hacer propios los problemas del colectivo? Puede que haya varias explicaciones. Pero una es evidente: la existencia de los imprescindibles. Los que nunca tiraron la esponja, los que nunca dijeron «no puedo» o «no quiero», los que sin solución de continuidad mantuvieron encendida la llama de la conciencia colectiva desde su militancia juvenil hasta el último momento de su vida. Los que jamás vivieron un fracaso o frustración como la derrota definitiva y festejaron con alegría los triunfos, pero sabiendo siempre que cada avance es la antesala de una nueva y más desafiante lucha. Ellas y ellos, de diversas edades y procedencias, explican buena parte de esta resistencia profunda y reverdecida capacidad de renovación y consolidación de la identidad histórica a la vez.
Gonzalo Aiello es un imprescindible, cuya presencia física extrañaremos. Pasó a la galería de los grandes compañeros que no se van jamás del recuerdo y del corazón de quienes deben continuar la lucha. Para muchos de los lectores, este nombre les resultará desconocido. Pero seguramente cada uno de ustedes conozca otro imprescindible. Piense cada quien en su gremio, en su sindicato, cooperativa o cualquier tipo de organización social en la que se construya una sociedad más humana. Que la imagen del imprescindible que recuerdo con tanto cariño convoque a reconocer tantas y tantos imprescindibles que nos rodean.
Culmino esta nota pidiéndole, querido lector, un favor muy especial. Un favor para mí, para usted mismo y, sobre todo, para la comunidad. Vaya y déle un fuerte abrazo a el o la imprescindible que primero venga a su mente y corazón. No importa si es conocido o no, si es joven o veterano, si se expresa mejor o peor. Lo único que importa es la capacidad de luchar siempre. Vaya, por favor, y junto al abrazo dígale claramente «muchas gracias». Por tanto esfuerzo, por tanta generosidad, por tanta perseverancia y paciencia. Quizás reciba como respuesta una mirada perpleja, o una expresión de rubor. Pero alguna vez, aunque sea tan solo una, hay que decirles a los imprescindibles cuánto significan en la vida de todos nosotros.
Gonzalo Aiello, querido imprescindible: muchas gracias. Serás motivo de orgulloso recuerdo para tu familia, compañeros y amigos. Y un acicate y desafío para todos los que, de diversas maneras, debemos continuar la lucha cada día, de ser posible como nos mostraste tantas veces, con absoluta firmeza y generosa dedicación, pero también con profunda humanidad, afabilidad y la más fraternal mano tendida.
|*| Analista y Matemático
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