¿Quién manda?
Una especie de corriente eléctrica me corre por el cuerpo molesta especialmente en ciertas partes cada vez que hay confusión acerca de quién manda, o sea quién ejerce el poder legal en determinados ámbitos.
Por ejemplo, Enseñanza Secundaria.
Viene a cuento de lo ocurrido en Florida. Allí, la dirección del liceo y el comisario de la seccional correspondiente, acordaron un plan de doble finalidad: dar seguridad en el Interior y alrededores del centro estudiantil y hacer averiguaciones en los hogares de alumnos con un pronunciado ausentismo.
¿Otro Grito de Ipiranga?
La directora de Secundaria, informada del alcance de tan delicada cuestión, saltó cual pelota de plástico y sus expresiones, verbalizadas en Montevideo, se oyeron en la mismísima Piedra Alta. Nadie puede no es cita textual, pero respeta la esencia de lo dicho tomar semejante medida sin la autorización del organismo. A los pocos minutos, prueba de que cuando aprieta el cinto se achica el abdomen más optimista, llegaron las aclaraciones: la redacción del comunicado policial fue infeliz, los agentes no ingresarán al liceo salvo expreso pedido de la autoridad docente y con notificación judicial, y no habrá intervención de la privacidad ajena, hecho que, mientras se mantuvo la duda, hizo recordar tristes y dramáticos tiempos supuestamente superados.
Al fin, todo indica que los zapallos se acomodarán encima del carro y llegarán a destino sin un magullón. Es más: quizás la inquietud de los floridenses ayude a Secundaria a despejar el adormecimiento que le ha ganado en la búsqueda de solución a problemas como la seguridad y el ausentismo en los liceos.
Claro, inquieta, más allá de su aparente buena intención, el desborde ocurrido. ¿No hay verticalidad? ¿Cada liceo puede buscar a su aire soluciones propias? ¿Cada comisaría puede acordar procedimientos que complazcan a ambas partes?
Cuidado. Por ahora se corrieron sólo un par de puntos del tejido.
Por ahora.
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