LA COLUMNA AMARILLA

¡Guarda abajo!

Uno de los principales problemas para la persona que asuma la Intendencia capitalina está en el suelo.

En su discurrir por la ciudad, que se supone hará para ejercer bien su función, deberá caminar con la vista hacia abajo, pisada cuidadosa y tal vez la ayuda de un par de buenos colaboradores atentos a cualquier inadvertencia o desatención.

¿Por qué? Por las veredas. Rajadas, con baldosas sueltas, virtualmente destruidas unas y ausentes otras gracias a una previa perforación perpetrada por alguna empresa estatal, son un peligro para la integridad física.

Las normas vigentes establecen que las veredas deben ser mantenidas en buen estado por los propietarios de los inmuebles adyacentes. Quienes lo hacen son algo así como una falla en el proceso de la evolución de la especie humana: a la mayoría, que vendrían a ser los no fallados, ni siquiera le importan eventuales sanciones que, al fin del cuento, la autoridad municipal aplica poco.

¿Qué ocurre? Decenas de veces han invertido en una reparación y a las cuarenta y ocho horas, al abrir la puerta de su hogar y salir, si no les protege una capacidad de reacción física excepcional, casi de artista de circo, terminan embistiendo un pequeño poste de duro material o engullidos por un pozo caníbal, asesinos potenciales que el día anterior no estaban allí.

¿Quién agarró al taladro neumático o el pico y la pala y se puso a romper, con fruición conmovedora y terquedad digna de una acción guerrillera en Medio Oriente, lo que había sido reparado poco antes? Pueden ser OSE, UTE, Antel, la Compañía del Gas o empresas contratadas por estos prestadores de servicios públicos.

Ah, ¡cuidado también con pisar los cuerpos de niños, adolescentes y ancianos que duermen en la calle!

A veces, por un sueño inquieto inducido por el alcohol o la droga, caen hacia la vereda desde los portales donde se han instalado a cualquier hora del día.

Por ahora será difícil distraerse mirando el cielo.

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