DIARIO DE CAMPAÑA: EDUCACION, TABUES Y LA PSIQUE

Recientemente, el destacado y muy estimado cientista social Gerardo Caetano, expresó en este medio que los discursos iniciales del presidente de la República, José «Pepe» Mujica, constituían dos piezas oratorias excepcionales. Comparto plenamente dicha apreciación, así como la del «Ñato» Fernández Huidobro, que consideró el discurso ante la Asamblea General un pieza digna de estudio. Ante opiniones tan contundentes y calificadas, cuyo sentido suscribo, me sentía relativamente relevado de analizar ambas exposiciones. Digo «relativamente» porque pensaba concentrarme en una crítica que leí o escuché en compañeros que mucho respeto, que consideraron el discurso ante la Asamblea General como excesivamente «conciliador». Bien por el contrario, creo que fue el más claro, descarnadamente franco y explícito sobre los desafíos presentes y futuros que recuerde haber oído en circunstancias similares.

Sin embargo, aquello de que la vida es movimiento, me hizo cambiar por completo de planes. A partir de un disparador anecdótico, repicó en mis recuerdos la insistente convocatoria «Educación, Educación y Educación» de Pepe en el Parlamento, al pautar nítidamente sus principales prioridades. Educación que inmediatamente se traduce en «sistema educativo», cuando en realidad lo incluye pero lo desborda. Porque la Educación es para toda la vida, excede largamente las aulas e incluye la formación de valores culturales colectivos, más allá de todo diploma. Que no se me malinterprete: no minimizo en absoluto lo mucho que resta por hacer respecto a la Educación en el sistema educativo, «aulas adentro». Por supuesto que éste es un tema crucial, vital, donde se juega la mayor parte de nuestro futuro. Pero quiero por un momento llamar la atención sobre temas educacionales donde observo una grave carencia en nuestra sociedad.

Concretamente, me quiero concentrar en un grave problema cultural de nuestra sociedad: el verdadero tabú que constituyen las patologías o disfuncionalidades psiquiátricas o psicológicas. En pleno siglo XXI, en el Uruguay, el temor a «la locura», «al loco», «al chiflado» o expresiones similares, obstaculiza un análisis comunitario medianamente maduro, inclusivo, científico, humano y sano de la temática. Esta actitud a­científica, temerosa y prejuiciosa, genera numerosas angustias y dolores completamente gratuitos en quienes rodean a una persona portadora de una tal patología, que a menudo se sienten culpables de «esta vergüenza» o «tragedia». Pero si esto ya es grave, mucho más lo es si se toma en cuenta que en Uruguay la incidencia de patologías de tipo psiquiátrico o psicológico tienen una enorme incidencia (un porcentaje elevado de la población presenta algún tipo de estos cuadros) y que el consumo de psicofármacos es sumamente elevado. He visto en boliches y lugares de trabajo a gente convidarse con ansiolíticos como quien comparte pastillas de menta. Y piense el lector cuántos compatriotas toman un ansiolítico o hipnótico por las noches para bajar revoluciones, y a la mañana deben consumir mucho café o mate para despejarse y estar al tono de la jornada laboral, en un ciclo que si no es debidamente supervisado por un profesional, puede ser realmente riesgoso. Basta recordar el ejemplo paroxístico del ciclo de alternancia permanente entre sedantes y excitantes, el gran Elvis Presley, fallecido en plena juventud por esta causa, para tener una idea precisa de que no se puede ni improvisar al respecto, ni minimizar la seriedad del problema, pero muchísimo menos, simplificarlo o tratarlo de manera indebida, temerosa o prejuiciosa.

El lector sabe que quien escribe practica en su escritura, ante todo, la franqueza, para que la comunicación entre ambos sea lo más clara posible. Acertando, errando o a combinando una de cal y otra de arena, cada vez que escribo, querido lector, trato de no esconderle las cartas, ni expresarme «en difícil» o «sólo para entendidos».

Le diré claramente cuál fue el disparador de estas reflexiones. El jueves 4 de marzo, el periodista Sergio Israel, en el semanario «Búsqueda» publicó un balance de la gestión del gobierno del presidente Tabaré Vázquez. En un párrafo del mismo, contrapone la gestión exitosa de algunas empresas públicas con lo que considera una gestión deficitaria en Antel y refiere a que la misma llegó al extremo de episodios psiquiátricos como el protagonizado por mí.

 

Algunas puntualizaciones imprescindibles:

1. Sergio Israel es un periodista profesional, que leí mucho tiempo en «Brecha», de quien leí, por ejemplo, un interesante libro titulado «El caso Trabal» dedicado a la misteriosa muerte del coronel Trabal en París, y que desde hace un tiempo leo en «Búsqueda». Que nadie interprete en mi mención sobre el rol disparador de sus expresiones la menor animadversión, desconsideración o falta de respeto hacia el periodista, que intenta sintetizar algo tan complejo como la gestión de Antel en pocos renglones y lo hace como entiende y puede, siguiendo su pensar y criterio de valoración y selección al elaborar dicha síntesis. De ninguna manera, por estar directamente involucrado, haré el menor comentario o crítica sobre su valoración de la gestión general de Antel en el reciente quinquenio. Y menos que menos soy yo quien pueda o deba opinar sobre si mi pasaje por Antel merece ser recordado por algo más que un incidente aún en proceso. Sobre uno y otro nivel de discusión quienes pueden juzgar legítimamente son los ciudadanos, o los trabajadores de Antel, etc. Pero no corresponde en absoluto que yo defienda la gestión o mi actuación en particular. Sería, como se dice habitualmente, «de cuarta y sin ascenso».

2. No me molesta en absoluto que mi nombre aparezca ejemplificando un episodio de naturaleza psiquiátrica. Para empezar, si me molestara este o cualquier otro elemento de la nota del Sr. Sergio Israel, debería dirigirme al semanario donde fue publicada, enviando una carta como lector y formulando mis «descargos». Por supuesto que tampoco discutiré públicamente mi salud psiquiátrica pasada o presente. Acepto, como regla de juego no escrita pero evidente, que quien acepta una responsabilidad política, expone su intimidad a la consideración y evaluación pública. Y que según la temática en la que se incursione o área en la que se actúe, la exposición puede ser menor o mayor. Partes de las reglas de juego y punto. Pero, lo que es más interesante quizás, es que lisa y llanamente no me molesta la mención, por lo que explicaré a continuación, en la nota del próximo martes.

|*| Analista y matemático.

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