DIAS DE EMOCIONES

El pasaje del primer gobierno del Frente Amplio a un segundo gobierno de la izquierda progresista generó ámbitos de alegrías, de emociones y de recuerdos. La democracia uruguaya mostró su fortaleza excepcional que genera admiración en el mundo entero. La aceptación del triunfo de la izquierda es unánime en el plano nacional e internacional. Básicamente se reciben elogios desde todas las corrientes políticas nacionales e internacionales, de los empresarios nacionales y especialmente de los extranjeros, de los sindicatos y de los movimientos sociales. La alegría se palpa en las calles uruguayas y las emociones se multiplican. Para los frenteamplistas como nosotros, que peinamos canas, nos vino a la memoria el acto final del FA en 1971, tan masivo que nos ilusionó hasta sobre un posible triunfo electoral. Alegría por un lado, pero también tristeza cuando el domingo de noche en la sede del FA, en la calle Julio Herrera y Obes, nos mirábamos con Seregni, para constatar que apenas habíamos alcanzado el 18 % de los votos y tampoco habíamos ganado la Intendencia Municipal de Montevideo. Pero ese Frente del 71 fue el que forjó la unidad de la izquierda, que es un ejemplo para la izquierda latinoamericana y mundial y que está en la base de los logros actuales.

Concurrimos contentos y emocionados a las despedidas del Dr. Tabaré Vázquez, quien se retira de la Presidencia con un prestigio extraordinario, sintiendo el deber cumplido. Recordemos que partía de una herencia maldita, que venía de la crisis profunda de 2002. Sus indicadores más relevantes eran la elevada deuda externa y una deuda social alejada de los parámetros tradicionales del Uruguay por la magnitud del desempleo, la pobreza y la indigencia. Los logros obtenidos fueron superiores a las expectativas del principio del período. El aumento de los precios internacionales de nuestros productos de exportación y el dinamismo de la demanda externa favorecieron al Uruguay como a la gran mayoría de los países latinoamericanos. Con precios internacionales altos crecimos arriba del 7 % anual. Con la crisis financiera internacional apenas estamos creciendo por debajo del 2%. Pero la política económica interna también fue relevante. No se utilizaron los mecanismos de la macroeconomía ortodoxa, que busca una menor intervención del Estado y una contención de la demanda interna por la vía del crédito, del gasto público y de los salarios para atender objetivos de estabilidad de precios o de pago de los servicios de la deuda externa. Ello normalmente afecta el empleo y a los servicios sociales. Esto no ocurrió durante el primer gobierno del FA. La política salarial no fue de contención sino de expansión. La política fiscal tampoco fue ortodoxa. La reforma tributaria, con la creación del impuesto a la renta de las personas físicas constituye un buen ejemplo. Pero, sobre todo, el crecimiento económico permitió la expansión del gasto público que mejoró las condiciones de la salud, la educación y especialmente la indigencia. Los aumentos del gasto público y de los salarios permitieron incrementos de la demanda interna que consolidaron el crecimiento del PBI y la sustantiva mejora del empleo. Ello se logró sin afectar la estabilidad de precios ni el pago de los servicios de la deuda externa. La macroeconomía ortodoxa, muy criticada por premios Nobel de Economía como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, terminó derrumbándose con la actual crisis internacional, especialmente en los países desarrollados.

El triunfo del FA en 2004 cambió el humor de los uruguayos, que pasaron de un prolongado pesimismo a un optimismo moderado. Mejoraron significativamente las esperanzas y las expectativas de todos los sectores sociales. Este no es un logro menor. Se rompieron mitos y la izquierda demostró que las predicciones de inestabilidades, procesos especulativos, fugas de capitales y elevada inflación resultaron totalmente falsas. Tuvo la capacidad de un muy buen diálogo con los empresarios junto al logro de una mayor equidad en las relaciones capital­trabajo. Consiguió mantener y profundizar la excelente imagen del Uruguay en el plano internacional.

Quedan, por supuesto, muchos desafíos. En la despedida de Tabaré con el conjunto de los legisladores destaqué las dificultades en las relaciones partido­gobierno que también se constatan en otras experiencias de gobiernos progresistas de la región. El partido quedó subordinado, no le dio el apoyo necesario al gobierno y no cumplió sus funciones de contralor de cumplimiento del programa. Pero ello se salvó por el espíritu de unidad y lealtad de los frentistas, desde sus legisladores, los distintos sectores políticos que la componen, su militancia y sus votantes que siempre claman por la unidad.

Con la Presidencia de José Mujica entramos en nuevas etapas políticas y sociales. El Uruguay avanza con gran madurez hacia acuerdos políticos y sociales. Se vive un clima de unidad, de construcción entre todos los partidos políticos, intentando resolver los naturales conflictos por la vía del diálogo, del acuerdo y de la negociación, instrumentos inherentes a la democracia. Todo ello impulsado por el alto grado de civilización de las relaciones partidarias y, especialmente, por el discurso de Mujica que lo promueve, que lo enriquece y que lo resalta como elemento central de su gobierno. Es por ello que, en conferencia de prensa, Hillary Clinton remarcó con intensidad que estos elementos de unidad y de búsqueda de diálogo y de acuerdos entre gobierno y oposición eran un modelo no sólo para América Latina sino para el mundo entero.

Y en la asunción de Mujica volvieron las emociones. La grandeza de Mujica nos recuerda la de Nelson Mandela. La pareja Pepe y Lucía juntos como presidente electo y presidenta de la Asamblea General respectivamente pone la piel de gallina por sus historias y la realidad actual. El Pepe hace un discurso de estadista que deja contentos a todos. Siempre va a aparecer algún columnista crítico con pérdida absoluta de objetividad. Las emociones continúan. La toma de posesión del nuevo ministro de Defensa, Luis Rosadilla con la presencia de Mujica es otra expresión de unidad nacional. Están totalmente superadas las confrontaciones armadas de la década del 60. No hay revanchas sino diálogo en busca de la unidad nacional. Cuando concurro a eventos internacionales y cuento las características actuales del Uruguay, me contestan: ustedes viven en una especie de paraíso. Por supuesto que no. Pero en estos momentos de tantas emociones, de discursos tan unitarios, yo creo que el conjunto de los uruguayos nos sentimos muy orgullosos de serlo y de vivir en nuestra patria.

|*| Senador por la 609-FA, economista

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje