Un desperdicio
A veces, un elogio empieza por lo que parece una descalificación.
Gonzalo Carámbula, según versiones de prensa, será designado director de la Secretaría de Comunicación Institucional de la Presidencia de la República.
No le faltan méritos: abogado, periodista, ex parlamentario, candidato al doctorado en Derecho de la Cultura de la Universidad Carlos III de España y durante diez años director del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo. Me permito añadir, porque lo conozco, los adjetivos buena persona y hombre inteligente y de pensamiento crítico.
Pero es un desperdicio.
Si las cosas en el Frente Amplio fuesen de otro modo y descalifico el epíteto «estalinista» al que apeló, y luego se arrepintió, es cierto, Daniel Martínez Gonzalo Carámbula debería ser el ministro de Educación y Cultura.
Claro, al final le hallaron una ubicación digna, luego de un ostracismo que soportó con resignación militante. En ese cargo, aunque le quede estrecho, sabrá asumir, de manera pragmática y edificadora, sus responsabilidades. Dejará un legado.
Sin embargo, tengo la convicción moral de que ha pagado carísimo su independencia dentro de la izquierda, luego de su pasaje por el Partido Comunista.
Quien lo haya visto trabajar desde el ámbito municipal en la construcción de sólidas políticas culturales, expansivas y sustentables, no creo que pueda contradecir esta aseveración, de todos modos subjetiva.
Alguien con su compromiso político, con su formación, con su vocación por la cultura, que dedicó una década a entender esa materia compleja y manoseada acerca de la cual tantos lengüita sobada que andan por ahí payan a diario como Carlitos Molina, no tiene sitio más adecuado, si se piensa en el porvenir del país, que el principal despacho de la calle Reconquista.
No se trata de desmerecer a quien el presidente electo puso ahí. Simplemente, creo en aquello que se decía: «En cada función, el más capaz». ¿O era un eslogan?
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