LOS PROBLEMAS DE LOS JOVENES URUGUAYOS

En diciembre de 2009 se presentó en Montevideo un libro elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) denominado «Informe sobre desarrollo humano para Mercosur 2009-2010. Innovar para incluir: jóvenes y desarrollo humano» con la presencia de Rebeca Grynspan, directora regional del PNUD para América Latina, y el coordinador general del informe, Fernando Calderón. Es un excelente trabajo sobre la situación de los jóvenes en los países del Mercosur, con abundante información cualitativa y cuantitativa. El Informe abunda sobre los problemas de los jóvenes uruguayos que es imprescindible conocer y profundizar para avanzar en sus soluciones. Los problemas centrales pasan por su situación laboral, la infantilización de la pobreza, las dificultades en el sistema educativo, la emigración, la inseguridad y la estructura demográfica.

Los jóvenes tienen mayores tasas de desempleo abierto (tres veces más que el promedio), ocupaciones de menores niveles de productividad, menor cobertura de seguridad social e ingresos más bajos que los adultos, así como una alta incertidumbre sobre sus posibilidades laborales. Los problemas más mencionados por ellos son salarios bajos, vulnerabilidad de derechos laborales, maltrato e inestabilidad. Un elemento clave para la juventud uruguaya es la brecha entre la inclusión cultural y la exclusión laboral. En los relatos de los jóvenes coexisten que tienen más libertad pero menos oportunidades, más libertad pero menos seguridad, más educación pero menos empleo, mayores expectativas de autonomía y menores opciones para desarrollarlas. Los más vulnerables a la exclusión social son aquellos que no estudian ni trabajan. El 23% de los jóvenes de 18 a 24 años no estudian ni trabajan.

Diversos estudios han mostrado el problema de la infantilización de la pobreza, en la medida que más del 50% de los niños que nacen en Uruguay provienen de hogares en situación de pobreza. El Informe del PNUD expresa que la pobreza en Uruguay tiene rostro de niño, joven y mujer. Pero no se limita al análisis de la pobreza en función de los ingresos. Expresa: «La pobreza puede entenderse como la exclusión de las relaciones sociales y la privación de capacidades. La exclusión social supone límites para el desarrollo de las capacidades. El acceso a un ingreso mínimo durante períodos prolongados no necesariamente garantiza logros en las distintas dimensiones del bienestar, pues ello depende tanto de los usos como de las necesidades personales, cuyas diferencias pueden ser muy significativas. Por tal motivo se construyó un índice con las siguientes dimensiones: salud y riesgo ambiental (saneamiento); acceso a la educación; ingreso; condiciones de vivienda (hacinamiento) y exclusión social o ausencia de lazos institucionales en el mercado de trabajo y los sistemas de protección social (desafiliación)». Con este indicador la inclusión de los jóvenes uruguayos, entre 15 y 29 años, considerados no pobres, alcanza al 69,1%. Esto marca que hay un 30,1% de jóvenes con problemas. Aquellos que se encuentran en situación de excluidos, de pobreza crónica, alcanzan al 9,6%. El 15,8% de los jóvenes tiene una inclusión desfavorable y se considera de pobreza transitoria. Están en el mercado de trabajo con precariedad, sin protección social, con alta inestabilidad. Por último el 5,5% tiene una inclusión desfavorable, no son pobres pero tienen alta vulnerabilidad.

Uno de los grandes problemas de los jóvenes uruguayos es la deserción en la enseñanza media. Alrededor del 70% de los jóvenes uruguayos entre 20 y 29 años no completaron la enseñanza media. Los niveles de ingreso de las familias constituyen un elemento explicativo importante para expresar la situación. El quintil de mayores ingresos de los jóvenes de 15 a 19 años asiste al sistema educativo en una proporción superior al 90%. Mientras que los integrantes del quintil de menores ingresos tienen una asistencia inferior al 50%. Otro de los determinantes principales de abandono del sistema educativo lo constituye la tenencia temprana del primer hijo. La tasa específica de fecundidad entre 15 y 19 años alcanza al 63,5 por mil de las mujeres de esa misma edad. Es más baja que en los otros países del Mercosur, pero en Europa alcanza solamente al 19,7 por mil.

Otro de los problemas centrales de los jóvenes uruguayos es su disposición a emigrar a otros países. En efecto, el 35 % de los jóvenes de Montevideo lo desea, cifra muy superior a las otras capitales de los países del Mercosur. Expresa el Informe del PNUD: «En cuanto a los cortes por estrato social y género la propensión a emigrar se relaciona de forma positiva con el nivel socioeconómico y es más acentuada entre los varones. Es decir, los jóvenes varones de estratos socioeconómicos altos son los más proclives a la migración». Este es un problema central para el futuro de Uruguay. Vivimos el mundo del conocimiento, del progreso técnico, de las innovaciones. Si los jóvenes más calificados emigran se pierde el capital humano más valioso para el desarrollo futuro del país.

El tema de la inseguridad ha pasado al primer plano en los últimos años en el país. En el Informe, entre otros temas, se analizan las causas de muerte de los jóvenes y destacan los accidentes y una alta tasa de suicidios.

En Uruguay la estructura demográfica muestra un alto nivel de envejecimiento de la población. Ello genera una gran valorización cultural de la experiencia y trayectoria y subvalora la capacidad de los jóvenes. La novedad surge de la revolución tecnológica en la información y las comunicaciones, y el acceso a Internet y a celulares de los jóvenes uruguayos es muy alto. El Plan Ceibal es un paso relevante en este sentido. Esto le otorga a los jóvenes nuevas formas de participación, por fuera de los partidos y los sindicatos. El informe del PNUD plantea la necesidad de una mayor articulación entre los jóvenes movilizados; acercar a los jóvenes que participan con los que no lo hacen; fortalecer el diálogo entre movimientos de jóvenes y adultos; desarrollar estrategias que modifiquen y diversifiquen las imágenes que los medios de comunicación trasmiten sobre los jóvenes. También expresa que en las políticas públicas y en la institucionalidad de los derechos, la especificidad juvenil no está consagrada como los derechos de las mujeres, niños y adolescentes. Por ello se vuelve necesario tener en cuenta los problemas de la juventud en todos los espacios gubernamentales de formulación e implementación de políticas públicas.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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