Nuevo código
Así como dentro de un gordo siempre hay un hombre delgado que pugna por salir, según la original expresión de Manuel Vicent, el sistema jurídico nacional parece a punto de parir el nuevo código del proceso.
El entusiasmo demostrado por diputados y senadores de la nueva legislatura para que este parto ocurra con felicidad, y sin tener que recurrir a una cesárea traumática, ha renovado esperanzas en la ciudadanía.
¿Por qué la ciudadanía alentaría esperanzas en ese nuevo código? Hay en su texto, largo, complejo y tedioso, un aspecto crucial que cualquier persona comprende y valora: el proceso acusatorio, hoy en manos del juez, pasa a los fiscales. Será, por tanto, más racional, moderno y rápido. ¿Quién desea seguir con los procesos actuales, no sólo del ámbito penal, lentos y llenos de anadeo, que acumulan miles de hojas en los escritorios de los magistrados durante meses y hasta años interminables?
No soy un especialista. Me detendré en otro punto que me parece, igual que al vecino de al lado, esencial: para que ese sistema funcione como se pretende y dé más garantías a la sociedad, es crítico que los fiscales, representantes del Ministerio Público, sean absolutamente independientes.
Hoy dependen administrativamente y con una supuesta independencia técnica, del Ministerio de Educación y Cultura. Alguien sugirió su pase a la órbita del recién creado Ministerio de Gobierno. «¡Me cago’n la diferencia!», diría Ruedita, montado a su invencible grosería.
Pero con razón: no sólo sería lo mismo, porque en una visión lineal un ministerio es igual a otro desde el punto de vista de la libertad de acción que se busca para los fiscales; en realidad sería peor, pues el Ministerio de Gobierno será político hasta la médula, adosado al presidente como un mejillón, o no será.
Es tarea de los legisladores azuzar su imaginación y hallar el nicho puro e indiscutido para esa independencia.
De otro modo, el nuevo código tampoco será.
Compartí tu opinión con toda la comunidad