Especies
Hace tiempo, demasiado para mi salud mental, intento hallar una explicación a la conducta de los piqueteros de Gualeguaychú.
Si me detengo en su tenacidad, y la relaciono con su modo de pensar siempre que vayan más allá del instinto, claro, mi inquietud es atroz. Acabo de leer que las huellas que Armstrong dejó en la superficie lunar podrían permanecer durante millones de años: sólo las borraría la caída de micrometeoritos.
Algo muy poderoso tendría que caer sobre los piqueteros para quebrar definitivamente su terquedad bovina y disolverlos sin piedad.
En cambio, si me detengo en la forma cómo bloquean su hipotética racionalidad se alza ante mí una interrogante catastrófica: ¿a qué especie pertenecen, si atacan a la razón con tan poderosas formas innatas de acción y reacción? ¿Son, a fin de cuentas, un eslabón perdido que escapó del proceso evolutivo y hoy harían la felicidad de Darwin, el gran interrogador del mundo y sus particularidades biológicas?
La cuestión es, lector, que los piqueteros entrerrianos, ya sean una mutación extraña de lo humano o desprendimientos de amebas, celentéreos, virus o mamíferos menores, han anunciado que vendrán al acto de asunción de José Mujica.
Creo que ni ellos saben en el sentido del conocimiento que llega de la mano de la razón por qué ni para qué. Es que si lo supieran derribarían no sólo mis teorías precedentes, a las que he tomado cariño pues me parecen plausibles, sino, mucho peor aún, confirmarían la presencia de sobrevivientes de una especie desconocida o de una suerte de ilusión creada, en pesadillas sucesivas, por nuestra propia mente que ha enloquecido.
Pero la cuestión es qué hacer si vienen en actitud pendenciera.
Tal vez valdría la pena, incluso perdiéndonos la ceremonia, invitarlos cortesmente a chupar vino rosado con butifarra pisada en lo del Chiquito Otegui. A la tercera vuelta su borrachera será sublime. Entonces les sugeriremos que regresen.
Nadando.
Compartí tu opinión con toda la comunidad