A último momento
Un escritor español suele decir que las amistades más sólidas, así como la solución de diferencias circunstanciales, aunque a veces delicadas, se fraguan en los lavabos. Allí, mientras usan el orinal, dos o más personas hablan con mayor serenidad porque están en pleno goce de uno de los placeres orgánicos mayores: la expulsión.
Yo qué sé. Es una idea original y también puede ser una broma o una exageración.
Eso sí, no imagino, por más que me esfuerzo, a Vázquez y Mujica orinando, uno junto a otro, mientras acuerdan sobre el Plan Cardales. Sin embargo, haya sido del modo que haya sido, la verdad es que la cosa se resolvió.
¿Recuerda, lector? El presidente Vázquez había firmado un decreto, que a muchos les pareció nacido entre gallos y medianoche, para extender la experiencia de ese plan, iniciada en Trinidad, con vía libre a operadores privados a fin de ofrecer en todo el país el «triple play»: telefonía fija, banda ancha y televisión para abonados.
Enseguida se supo de la oposición del presidente electo, así como de lo que, bien castizamente, llamaríamos una mayoría de la puta madre en el Frente Amplio. Vázquez se había apurado. Recordemos que Mujica anunció que presentará al Parlamento, lo más pronto posible, un proyecto de ley general de telecomunicaciones.
Se podría, entonces, aludir al pragmatismo del actual primer mandatario. A sus oídos atentos y su mente abierta para admitir mejores soluciones de las que él ha pensado; hoy, con otro decreto, corrigió el anterior y una comisión integrada por el LATU y la Ursec hará una evaluación de la experiencia que dejará la cuestión en manos del próximo gobierno.
Jamás cometeré la imprudencia de negar ese pragmatismo. Pero no puedo quitarme la duda que me provoca el momento elegido por Vázquez para el primer decreto, tanto como su certeza al comunicarlo.
De inmediato, me viene a la mente la imagen de una pulseada perdida.
Como siempre, espero estar equivocado.
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