EL PAIS INTELIGENTE
Anteriormente reflexionamos sobre la necesaria interrelación entre un mapa de ruta para el Sistema Nacional de Innovación y el proyecto productivo nacional al que se apuesta. Analicemos en esta nota lo actuado en este período sobre el primer Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Pencti), que trata precisamente de avanzar en esa interrelación.
Para su elaboración el Gabinete Ministerial de la Innovación (GMI) acordó criterios generales e identificó prioridades, financió consultorías con unos 30 técnicos independientes para profundizar en ellas; organizó talleres que dieron lugar a informes sectoriales (disponibles en www.anii.org.uy) con la participación de unos 350 actores calificados; y finalmente encomendó la redacción de un documento de síntesis. En la apertura del II Foro de Innovación de las Américas, el GMI presentó las Bases y Principales Lineamientos y las envió a consideración y opinión del Conicyt. Recibidos los aportes, hacia fin año el GMI se disponía a aprobar un documento final del Pencti que define el marco conceptual y principios rectores, y establece objetivos y áreas estratégicas prioritarias.
C,T&I para la transformación y equidad social
En el Pencti se reconoce un enfoque «hacia necesidades y demandas del desarrollo nacional», y que las acciones emprendidas «deben producir efectos conjuntos, y a veces subordinados, a los de otras políticas públicas como las productivas y sociales». Se vincula la política de ciencia, tecnología e innovación (C,T&I) con la «necesaria transformación de la base productiva de la economía» así como con la «atención de desafíos sociales, ambientales, territoriales y demandas asociadas a la inclusión social».
No por obvias estas definiciones dejan de ser trascendentes. Nuestro desarrollo económico ha girado en torno al papel de los «sectores intensivos en recursos naturales» (bienes agropecuarios, turismo) y sus ventajas comparativas, dependientes de fluctuantes precios internacionales. Hay común acuerdo que en esas cadenas es fundamental ir «transformando ciertas oportunidades tecnológicas potenciales en oportunidades efectivas». Es decir, agregar valor en determinados eslabones, diversificar los productos y mejorar su competitividad.
Este componente de la transformación productiva se corresponde con lo que Pepe Mujica ha machaconamente definido como «Agrointeligente», que puede ser logrado de distintos modos pero fundamentalmente por interacción con los denominados «sectores intensivos en conocimiento». Un buen ejemplo es el de las caravanas de identificación con chips, la trazabilidad ganadera.
Pero las oportunidades tecnológicas no son iguales en todos los sectores. En algunos la velocidad del progreso técnico es más alta y las empresas requieren una también alta intensidad de innovación. Rezagarse en esos sectores, máxime si en ellos hoy hay fortalezas, sería un grave error. De ahí, que otro componente de la transformación productiva se relaciona con el fortalecimiento de los sectores intensivos en conocimiento en sí mismo. Es el caso del software y áreas conexas, y también de la biotecnología. Son tecnologías que cortan transversalmente a muchos sectores. Hay biotecnologías vinculadas a diversos procesos industriales, energéticos y medioambientales, a la salud y farmacéutica, al área agrícola y animal. De un área se pasa a la otra con cierta facilidad, las capacidades humanas e infraestructurales tienen bastante compatibilidad.
En el Pencti se reivindica también «una concepción integral del desarrollo, en la que equidad y crecimiento avancen de la mano», y propone ampliar la agenda de investigación, incluyendo proyectos de impacto social y mecanismos para detectar la demanda respectiva.
En resumen, la estrategia explícita promovida desde este primer Pencti es de compromiso profundo con la transformación productiva y la equidad social.
Desde una perspectiva sistémica
El Pencti asume que la construcción de una economía sustentada en el conocimiento requiere un enfoque «sistémico». Una definición también trascendente, pues avanza respecto a la tensión entre dos visiones paradigmáticas promovidas, explícita o implícitamente, por distintos actores que, si bien ha ido laudándose, permaneció subyacente a cada una de las acciones instrumentadas durante este gobierno.
Ha existido una visión que considera que la tecnología y su aplicación para el desarrollo derivan de la capacidad de oferta científica que se construya. Existiría un proceso lineal que partiendo desde la ciencia básica, pasando por la ciencia aplicada y el desarrollo tecnológico, culminaría dando sustento al avance productivo y social. Además, dada la incertidumbre respecto a la aplicabilidad inmediata de un nuevo conocimiento, es poco adecuado orientar la investigación. Este paradigma de la «oferta», originado en el modelo estadounidense de mitad de siglo pasado, y que ha sido reivindicado fundamentalmente por científicos básicos a lo largo de la región, se proyecta hasta nuestros días.
Por otro lado, y basado en el éxito y rápido desarrollo sustentado en el conocimiento de ciertos países, se ha ido construyendo una visión alternativa catalogada como «sistémica», que promueve un Sistema Nacional de Innovación. Se reconoce que la demanda productiva, social y prospectiva juega un papel importante para motorizar en forma sustentable y redituable los avances científico-tecnológicos y generar un círculo virtuoso entre creación y aplicación de nuevos conocimientos. Para que ello ocurra, es fundamental construir capacidades y promover la interacción entre los agentes, debiendo jugar el Estado un rol muy activo al respecto.
Asumiendo el enfoque sistémico, en el Pencti se promueven cuatro aspectos fuertemente interrelacionados: un régimen institucional y de incentivos claro y coherente; la formación de capital humano de calidad; la contribución efectiva de la investigación científica y tecnológica; y el estímulo de fuertes capacidades innovativas en los sectores productivos.
Cinco objetivos para orientar actores…
El plan tiene como misión crear las condiciones para que el conocimiento y la innovación sean instrumentos primordiales de desarrollo. Para ello se postulan tres macro-objetivos y otros dos conexos. Uno relativo al «fortalecimiento de las capacidades científico-tecnológicas y su vinculación» con las realidades productivas y sociales nacionales. Un segundo referido a «incrementar la competitividad de los sectores productivos» en el marco de la globalización. El tercero está relacionado a la necesaria «apropiación social del conocimiento y la innovación» que se entiende debe incorporarse a la estrategia para hacerla incluyente. Como objetivos conexos tenemos el generar «recursos humanos formados y capacitados» en diferentes áreas y niveles, entre ellos la de gestión; y la construcción de un «sistema de prospectiva, vigilancia y evaluación tecnológica», como soporte al monitoreo y ejecución del plan.
Por su parte, dado que «una estrategia de desarrollo solamente será viable, eficaz y eficiente, si prioriza áreas y problemas asignándole mayor importancia a algunos frente que a otros», se opta por definir prioridades estratégicas en tres niveles: 1) sectores de «problemas y oportunidades» (software, servicios informáticos y producción audiovisual; salud humana y animal y farmacéutica; producción agropecuaria y agroindustrial; medio ambiente y servicios ambientales; energía; educación y desarrollo social; logística y transporte; y turismo); 2) «áreas tecnológicas intensivas en conocimiento» (TIC, biotecnología y otras emergentes como nanotecnología); y 3) «creación y mantenimiento de capacidades de base» (funcionamiento «basal»; RRHH de grado y posgrado; fortalecimiento institucional; infraestructura; cambios en Sistema Educativo en su conjunto; capacidades avanzadas de gestión).
Y articula
r compromisos institucionales
Corresponde preguntarse a quiénes deben involucrar estos lineamientos, objetivos y prioridades expuestos en el Pencti. Resulta insostenible pretender que ello mandate sólo a la ANII, sus acciones representarán menos del 0,1% del PBI en 2010.
Para el éxito del plan es necesario el involucramiento, en distinto grado, de múltiples actores e instituciones públicas y privadas. En los ministerios, integren o no el GMI, los desarrollos de innovación que surjan bajo su impulso deberían estar alineados con el Pencti. En el sector público no estatal vinculado al desarrollo científico y de innovaciones, sus orientaciones particulares deberían converger de alguna forma con las grandes prioridades del Pencti y ser explicitado. En el sector privado los lineamientos estratégicos representarían oportunidades para la construcción de alianzas con instituciones públicas y privadas, formación de recursos humanos y otros incentivos. Además, habiendo participado en el proceso de elaboración y enriquecimiento del plan, algunos actores podrían explicitar voluntariamente el grado de convergencia de sus acciones con el mismo.
¿Qué sucede con la Universidad y el resto del sistema educativo público? Creemos que lograr que las políticas educativas se alineen en gran medida con las demandas productivas y sociales que los uruguayos jerarquizan democráticamente debe estar en el centro de las tareas del próximo gobierno. Ahí tenemos un nudo gordiano a desatar en estos cinco años del que todos somos conscientes, en primer lugar Pepe Mujica. De lograrlo o no dependerá el éxito ya no del Pencti, sino del propio proceso de transformación que mayoritariamente los uruguayos venimos impulsando. Confiemos que en este terreno también seremos exitosos. Nos estaríamos acercando a ser un país de primera.
|*| Vicepresidente de ANII y coordinador del SNI [email protected]
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