Arcimboldo
El milanés Arcimboldo, en el siglo XVI, pintó cuadros en los que melocotones, plátanos, lechugas, lenguados, peras y cigalas se organizan de modo que representan figuras humanas.
Ante la vida real, esos cuadros son un alivio: el artista ubica las figuras como quiere y ellas quedan ahí, estáticas; siempre serán partes de una pintura y no personas reales con sus complejidades a cuestas.
Es triste, en cambio, que una sociedad no se organice con semejante equilibrio, sin protestas ni entredichos, para lograr una civilizada convivencia. Pero pasa.
Si duda, lector, vea lo que ocurre con las prevenciones frente a la delincuencia que la Policía y la Justicia toman en Maldonado, en aplicación de un artículo de la Constitución sobre la vagancia y la Ley de Procedimiento Policial.
La polémica se calienta cada día. La mayoría de los constitucionalistas y el Colegio de Abogados están de acuerdo. Yo he dicho que es un paso necesario, quizás mejorable. No obstante, hay disidentes; su teoría se basa en la idea de que se restringe la libertad individual si, eligiéndolos por apariencia o actitud, se conduce a sede judicial a quienes no tienen residencia fija allí ni trabajo, carecen de documentos o tienen antecedentes penales.
Ahora ha surgido una opinión que me sorprendió. El psiquiatra Luis Bibbó, director del Instituto de Criminología, sostuvo que no corresponde apelar a los antecedentes de una persona para limitar su circulación.
Pregunto, sólo para entender: ¿quiere decir, por ejemplo, que alguien acusado de violencia doméstica, y a quien se aplicó una orden de restricción, puede caminar tranquilo por los alrededores del sitio que habita quien lo denunció? ¿O que un conocido ladrón puede retozar a la sombra de un plátano, al caer la tarde, vigilando desde la vereda de enfrente a una joyería?
Querido doctor, con todo respeto, ¿se le fue la mano? ¿Y si desciende de su dorada montaña libresca y vive con nosotros un tiempito?
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