Escoba nueva
Bertrand Russell solía recordar un cuento de dos clérigos a quienes por error se designó para dirigir el mismo funeral. El que llegó primero no había pasado de «Yo soy la Resurrección y la Vida» cuando entró el segundo y dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida».
Esto volvió a mi memoria al leer declaraciones de los precandidatos más visibles del Frente Amplio a la elección de intendente de Montevideo, Carlos Varela y Daniel Martínez. No se trata de verlos como el duplicado de esos curas sorprendidos por una circunstancia ajena a su voluntad, sino de lo parecido de sus ideas centrales.
Los verbos de los que ambos han echado mano enseguida son relanzar y profundizar.
Darle gas al programa de la izquierda en Montevideo es una obviedad. Lo habría dicho el mismísimo Ehrlich de haber tenido acceso a la reelección. Es el empuje necesario para renovar esperanzas, hoy postradas o agarrotadas provisionalmente, a veces por el simple cansancio que ha causado la tarea, a veces porque a las expectativas nacidas al inicio de un mandato las desgasta el tiempo y tienen un peso que la realidad no resiste.
Aumentar la energía de las acciones de ese programa y renovarlas, es otra cuestión. Por ahora, y seguramente para cuidar sus perfiles coquetamente maquillados, Varela y Martínez sólo se han lanzado, aunque los detalles se adviertan como a través de un vidrio esmerilado, sobre los servicios de limpieza pública, el estímulo de la participación ciudadana y la relación con Adeom, que pretenden que deje de asemejarse a un salto mortal cínico e interminable.
Supongo que la estrategia es rasurar bien la cara del gobierno municipal, dar una enérgica enjabonada a su enorme cuerpo y meterle dentro los antibióticos, las vitaminas, los antihipertensivos y hasta los laxantes que le hagan falta.
Al cabo de veinte años, y tal cual se advierten las cosas, si se conforman con analgésicos puede seguir descendiendo el volumen medio de plaquetas.
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