Búsqueda
Hasta donde mi memoria alcanza y no se haga ilusiones, lector, porque el trecho, debido al paso de los años, es cada vez más corto no recuerdo una elección donde la búsqueda de candidatos haya supuesto tamaño desfile, entre delirios y niñerías, como el que la política nos obliga a presenciar, compuestos y urbanos pese a la inflamación de nuestras partes vergonzosas, a causa de los comicios municipales.
En ciertos casos, ese candidato parece un microorganismo. Dicen, sólo dicen, que se han vendido microscopios a granel.
El problema, o mejor dicho el obstáculo, parece ser el equilibrio entre compromisos, virtudes y viejas ilusiones redivivas.
El candidato ha de integrar determinado sector de cada partido o ser, cosa harto difícil en tiempos de camisetas y gorritos con leyendas, uno de esos independientes feroces a quienes se acepta porque, seguramente, no queda otro remedio.
Es interesante advertir como, rápidamente, van quedando por ahí condiciones que en un primer momento fueron presentadas como indispensables: juventud, buen porte, buena prensa (que es mejor no entender qué quiere decir), sabiduría y experiencia en el campo municipal y en la política.
Ahora habría llegado la hora del buen señor distraído, del boy scout, del inconsciente que se cree un héroe, del tipo popular que no se sabe a ciencia cierta por qué lo es, del que se asoma detrás del árbol o debajo del escritorio del líder y hace un tímido saludillo con la mano buscando complacencia, desesperado por un cargo, y hasta del santo varón bueno, o mujer que está dispuesto a la crucifixión por la realidad, en pocos meses, en una plaza pública.
¿Qué está pasando, estimados políticos?
Se viene el momento crucial y los contactos, conversaciones, negociaciones, pedidos de orientación a ciertos autores de libros de autoayuda y plegarias parroquiales han adquirido la velocidad de un Federico Moreira joven y la calentura de una olla olvidada en la hornalla.
Compartí tu opinión con toda la comunidad