ACUMULADORES
En materia energética, Uruguay irá más temprano que tarde a la generación distribuida y al aprovechamiento de nuestros propios recursos, hasta hoy prácticamente inexplorados (con la excepción de la energía hidráulica).
Iremos por más energía hidráulica construyendo represas de mediano y poco porte con fines, además, de riego y acuicultura. Mucha más energía eólica. Incluyendo la domiciliaria. Energía fotovoltaica tanto en grandes paneles como en paneles domiciliarios. También la energía del sol, en especial mediante colectores de calor domiciliarios, pero también de mayor porte, y otro tipo con vista a la generación en mayor escala. Aprovechamiento de la biomasa tanto en materia de desperdicios como en plantaciones específicas y al efecto. Aprovechamiento de nuestra energía geotérmica, para todo tipo de incubaciones, invernáculos, acuicultura y comercialización del agua potable utilizada.
Todo para energía eléctrica como para biocombustibles, cuya tendencia debe ser ir desde los granos y otros insumos de gran o mediano valor hacia los residuos o los insumos vegetales de poco valor, tal como la tendencia científica mundial lo viene indicando.
La leña deberá usarse (como ahora) para sustituir combustibles importados (y de insegura llegada) en la industria y en otras y variadas actividades (no sólo en la generación de energía eléctrica).
Explotación de todo tipo de residuos urbanos, como rurales, para la producción de biogas, de materiales reciclables, de abonos, de proteínas para raciones y, al mismo tiempo, la «digestión» de efluentes líquidos y sólidos contaminantes. Agreguemos a esos «méritos» la limpieza del entorno. La explotación de la energía del mar; la de nuestros esquistos bituminosos, ya probadamente existentes, las turbas y los hidrocarburos que puedan existir en nuestra plataforma continental.
A ello debemos sumar la interconexión eléctrica con la región y el uso de los combustibles «tradicionales» en cantidades que no sean decisivas ni nos hagan (como hoy) peligrosamente dependientes.
Podríamos seguir porque a todo ello habría que agregar el cambio de nuestra matriz de transporte con el fin de obtener la mayor eficiencia energética (ferrocarriles, navegación fluvial, tranvías y otros vehículos eléctricos. a aire comprimido, a hidrógeno, sin olvidar la energía animal que hoy mismo aporta mucho en nuestras actividades agropecuarias y que dadas ciertas dimensiones y necesidades puede ser la fuente más eficiente).
También el cambio de nuestra «matriz» de construcción de viviendas por la energía gastada en el material que se usa (incluyendo su transporte) como por el modo de construirse y por la calidad de los aparatos domésticos. Debería penalizarse la venta de los que son ineficientes y premiar las innovaciones en eficiencia tanto en ellos como en motores de todo tipo.
Por aquí vamos entrando ineludiblemente en la existencia y posibles soluciones de un problema (y a la vez posibilidad) ineludible: la acumulación de energía.
Muchas de las fuentes citadas son por su naturaleza variables y en el manejo de dicha cambiante realidad los uruguayos somos especialistas porque la realidad nos lo enseñó.
En materia de energía eléctrica, el grueso de nuestra «matriz» de generación hasta hoy han sido las represas. Por lo tanto, éramos (y somos) dependientes de la lluvia y sus caprichos en todas las cuencas que abastecen de agua a dichas represas. No toda represa tiene la misma potencia ni tampoco la misma capacidad de «guardar» agua, pero en general podría decirse que cumplen también la función de acumular energía regulando el caudal disponible en épocas de bonanza para épocas de carencias, o en horas y meses de poca demanda para horas y meses de mayor demanda y, también, para el mejor rendimiento del conjunto cuando las represas están sobre el mismo curso de agua como las del río Negro. Es bueno saber que tenemos posibilidad tangible y barata de mejorar el rendimiento de casi todo nuestro sistema de represas que, encima, demanda prontas obras de mantenimiento (como la de Salto Grande, a la que habría que cambiarle por razones de edad ciertas partes de sus turbinas). Podemos también «subir su altura» y podemos ejecutar obras aguas debajo de algunas para mayor aprovechamiento del agua disponible.
Pero ese, por ser el principal hoy, no es el único «mecanismo» de acumulación. Ni mucho menos. Cuando hablamos de energía eólica (que tiene un gran futuro en Uruguay y en la región interconectada) hablamos de un recurso esencialmente aleatorio: el viento sopla desparejo y a veces puede faltar, a veces sobrar, e incluso faltar o sobrar en distintas regiones; a veces puede acompañar el sobrante de agua en las represas y a veces no… O, dicho de otra manera, a veces puede coincidir con las lluvias y a veces no.
Hay otras fuentes entre las ya citadas que muestran las mismas «veleidades» (otras son muy firmes).
En todo el mundo se investigan formas de «guardar» energía cuando sobra. La más elemental ya la citamos para el caso de las represas, pero a ella debemos agregar el bombeo de agua desde abajo hacia arriba. Por ejemplo, si falta agua y sobra viento. Eso ya se está usando en varios países y existen turbinas que «andan para los dos lados»: para abajo generan energía eléctrica y para arriba son como una bomba de agua.
El hidrógeno será sin dudas el principal instrumento de acumulación en poco tiempo y con resultados que cambiarán culturas y «civilizaciones». El aire comprimido es otra forma de guardar en «garrafas» energía sobrante para usarla después (en vehículos y máquinas de todo tipo, tal como ya se hace ahora). Hay otras maneras (muchas) que se están aplicando e investigando.
Uruguay tendrá una «matriz» muy variada y por ello debe desarrollar al mismo tiempo los mecanismos de acumulación, regulación y coordinación necesarios.
En suma: el problema energético traspasa límites ministeriales: Energía, Vivienda, Medioambiente, Transporte, Relaciones Internacionales, Ciencia, Tecnología, Investigación, Innovación, y niveles: Escuelas, liceos, UTU, Universidades tienen, y deberían tener, un rol decisivo en esta materia, decisiva del punto de vista estratégico.
Los niños deberían aprender lo que es eficiencia energética y también lo que es energía, limpia, sucia, propia, ajena. Para la juventud esta «novedad» inevitable abre un ancho campo a su actividad y a su imaginación.
*| Escritor, senador de la República.
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